La Palabra 219

Cuando uno abre las portadas de la prensa lo primero que uno ve es como un Rayo X de lo que está pasando en el mundo: son las malas noticias que suceden todos los días: peleas, violencia, muerte, guerras y terrorismo.

Frente a esta escena hay quien apunta su dedo a Dios: “¿Dios donde estas Tu? ¿Por qué no eliminas el mal una vez para siempre? Y esta es una situación difícil pero cierta: el problema del mal a nadie le gusta. Jesús hoy nos propone 3 parábolas: de la cizaña; de la semilla de mostaza; y de la levadura.

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Empezamos con la primera parábola y miramos la actitud de los sirvientes. Ellos cuando vieron la cizaña lo primero que querían hacer era arrancarla para quemarla de una vez. Este error es siempre nuestro error: no tenemos paciencia frente a los malos que queremos que se desaparecen para siempre. El mismo error hicieron los apóstoles Santiago y Juan cuando le pidieron a Jesús que enviara fuego del cielo sobre los samaritanos porque no querían recibirlo. Si hay cizaña que arrancar hay un solo terreno de donde podemos empezar y este es nuestro corazón. Jesús en esta parábola propone: dejen que la cizaña crezca con el trigo hasta el tiempo de la cosecha. Esto no quiere decir que tenemos que quedarnos con la boca cerrada frente al mal y no condenarlo o estar resignados con los brazos cruzados de no poder hacer nada. Pero significa que en el Reino de los cielos no hay espacios para personas que están siempre con el machete listo para limpiar lo que les viene enfrente. No somos jueces, este es solo Dios. Nuestro deber es de orar por la conversión y denunciar lo malo.

Y esto es lo que nos sorprende en Dios. El condena el pecado pero al mismo tiempo es lleno de misericordia. Tiene toda la paciencia para esperar que el pecador se convierta de sus pecados. San Agustin mismo ha vivido todo esto en su vida ya que se convirtió a los 30 años. San Agustín dice: “Los malos existen en el mundo o para convertirse o para que los buenos se ejerciten en la paciencia.” Dios es el dueño del tiempo. En la agricultura la cizaña nunca se convierte en trigo. Pero por la misericordia de Dios, si esto es posible que la cizaña se convierte “en trigo”. El pecador puede llegar a la conversión. Así les pasó a San Pablo, San Agustín, San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asís y a muchos más.

2

Bueno a este punto nosotros podemos tener miedo que el mal va a ganar al bien. Por eso Jesús en el Evangelio de hoy propone otras dos parábolas. Son parábolas llenas de esperanza y optimismo. En frente a tantas dificultades nada está perdido. Jesús nos promete que el bien vence al mal. Frente a todo esto nos preguntemos:

¿Será que por estar dormidos entró la cizaña? ¿a veces hemos sido nosotros cizaña en ciertos ambientes? ¿o quizás hemos sido responsables de regar la cizaña en contra de otros? Hay que recordar que la buena semilla de trigo hay que sembrarla. Todo requiere paciencia incluso sembrando la buena enseñanza decía San Jorge Preca.  Hay que recordar que si uno no siembra buena semilla no vamos a cosechar nada bueno. No podemos caer en la pereza. Animemonos con fe de ir encontrando la buena semilla.