La Palabra 220

En los últimos 2 domingos hemos reflexionado sobre 4 parábolas que encontramos en Mateo 13. Hoy reflexionamos las últimas 3 parábolas en este capítulo. Dos de ellas son casi iguales: las del tesoro escondido y de la perla preciosa. La última es de la pesca con atarraya.

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Nuestra vida es como buscando el tesoro escondido. Todos buscamos un tesoro: es aquella cosa que llena nuestra vida y nos hace sentir contentos. Hace unos días atrás en Italia se hizo una encuesta con esta pregunta: ¿Cuál es la cosa más importante para ti? Y estos eras algunas de las respuestas que dieron frecuentemente: salud; comprensión entre la familia; dinero; paz y el amor. Hubo una cosa que nadie la mencionó: DIOS.

El Beato Luigi Orione hace esta observación: Todo es importante en la vida. Pero ¿Cuál es aquella cosa que da valor a las demás cosas? El mismo responde: Imagine que hay seis números “0” uno atrás el otro. Solos no sirven de nada. Pero cuando uno ponga el número 1 en frente ya se cambia el número a un millón. Así es la vida. La vida es importante; el dinero también; como el trabajo y la concordancia. Pero sin Dios nada tendrá valor como el número 1.

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Jesús tiene que ser el número 1 de nuestra vida. Él no puede estar en una esquina o a un lado, sino el primero. El que da sentido a todo en nuestra vida. Si no tenemos a Cristo como nuestro tesoro por gusto tendremos tantas cosas más. Cuantas personas después de tenerlo todo, decidieron de dejar todo para atrás y seguir solo a Jesús como lo hizo San Francisco de Asís. Las cosas del mundo son como el humo, pasan rápido y no dejan sentido.

Es interesante ver en las dos parábolas las acciones (o verbos) que toman el agricultor y el negociante en perlas finas. Son cuatro acciones: Buscó, encontró, vendió todo y se queda con el tesoro.

Buscar: implica el sudor e insistencia. A Jesús lo encontramos. Lo importante que uno ponga su voluntad. Lo podemos buscar en la Biblia y en los sacramentos.

Encontrar: Cuando lo encuentran no se quedó indiferente. Ni perdió tiempo. Lo peor es cuando uno sabe quién es Cristo pero se queda indiferente frente a él. La pereza y la actitud de que me importa es lo que más afecta.

Vender todo: La única intención de vender era de conquistar el tesoro escondido. Tuvo que sacrificarse de todo. Solo una cosa vio: que grande era el precio de aquel tesoro. Como lo dice Santa Teresa de Avila: “Solo Dios basta”.

Se queda con el tesoro: Al conquistar el tesoro podemos ver la alegría de la persona. Se hizo un buen cálculo. Quien conquista a Cristo, no pierde nunca. Que alegría sintió Andres cuando anunció a su hermano Simón: “Hemos encontrado al Mesías”

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La tercera parábola implica dos cosas: tiempo de pesca significa que la salvación es para todos. Un llamado pide una respuesta. El tiempo de escoger los pescados es el tiempo que tenemos que dar cuentas al Señor. Por eso nosotros tenemos que escoger: o con Cristo o sin El.