LA PALABRA 296

Reflexionando hoy el Bautismo del Señor, la segunda epifanía, el evangelio de San Lucas nos muestra algunos detalles que vale la pena meditar:

  1. La gente estaba expectante. Hoy la gente sigue en la misma actitud. En espera que suceda algo. En espera porque todos queremos algo, todos nos movemos por los deseos que vienen desde lo más profundo. Siempre estamos en busqueda, como hemos visto con los magos el domingo pasado. En esta ocasión la gente bajó de Jerusalén hacia el río Jordán a encontrarse con Juan para averiguar si él era el Mesías. Y él lo niega.
  2. Juan habla del bautismo del Mesías: es bautismo también con fuego. Fuego no es un fuego de condenación como lo de Sodoma. Es más un fuego de purificación, de amor. Implica cambio.
  3. Miramos también al Cristo solidario, que hace la fila para ser bautizado. El signo de humildad, aquel que es el Hijo de Dios y no necesitaba ser bautizado. 
  4. Después de ser bautizado, Jesús va a orar. Son muchos los momentos en la Escritura que miramos a Cristo entrando en silencio en lo profundo de su ser para entender quien es él exactamente. Pero este es el primer gesto de Jesús orando, empezando su ministerio.
  5. “Se abrieron los cielos”: no implica un cambio meteorológico, sino más simbólico espiritual. Era de tiempos que no hubo profecía en Israel. Se abren los cielos implica que Dios Padre entra en la historia. De hoy en adelante este cielo ya no se cierra. De allí que baja la Palabra de él.
  6. El símbolo de la paloma: es el símbolo de la paz. Pero más: la paloma siempre busca su nido. Y el nido es Jesús. En él habita el Espíritu.
  7. Las palabras del Padre: son el resumen de toda la Escritura. “Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco”. El predilecto como Isaac en la historia del sacrificio de Abrahan.