La Palabra 189

Hoy es día de contemplar el niño que ha nacido. En el silencio. No en el pesebre sino en nuestro corazón. Porque es allí donde ahora lo podemos encontrar. Entre tanta bulla que ofrece el mundo para celebrar Navidad, es difícil encontrar este espacio como la primera noche cuando nació el Hijo de Dios. Y en aquella noche todo fue en el silencio y desapercibido.

Navidad es como una nueva creación. Así nos dice San Juan en el inicio de su Evangelio. En el principio se creó todo por la palabra: “Por medio de la palabra se hizo todo”. Dios en el Génesis, crea todo con su palabra, da nombre a las cosas, su palabra se cumple. Pero ahora esa Palabra se encarna, entra en la historia, se hace carne, se hace hombre. Es Jesús, el Emmanuel.

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Dios necesita de los hombres y nosotros necesitamos de Él. Es Dios quien hoy, se hace pequeño para engrandecer al hombre. En ese niño se encuentran lo divino y lo humano, se encarna para que a partir de ahora, sepamos que estamos llamados a ser divinos, a aspirar a los bienes de allá arriba.

Él viene como luz para todos nosotros, que en demasiadas ocasiones, nos sentimos abrumados por la oscuridad. En medio de esa noche, de la periferia e intemperie que padecemos en nuestro mundo, en un ambiente poco propicio, una cultura o sociedad que sólo ve las luces de colores, se nos presenta como a los pastores, de forma provocadora y distinta, que se muestra en lo sencillo, en la alegría de Belén, donde los ángeles cantan ante un niño débil.

La Palabra de Dios es palabra comprometida, que se cumple en las acciones de Jesús, en los hechos, en el hacerse compañero de viaje, hermano, solidario con los más necesitados y parte de nuestro ser. Sin embargo, la Palabra puede pasar desapercibida: “Y la tiniebla no la recibió. Y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron”. La Navidad, Jesús, la Palabra, exige del hombre una respuesta, Él pone luz y puede, que aunque venga hasta nuestra casa, pase desapercibido o no sea recibido. Pero a los que la reciben: “Les da poder para ser hijos de Dios”.

Después de Navidad, cada rostro humano nos habla de Dios, por eso le respetamos, le adoramos y esperamos, que encuentren todos la estrella que nos guía al norte, en este navegar por las rutas de la vida, en ocasiones difícil y desesperanzado. Nosotros sabemos que este niño, como todos los niños, es el futuro, la promesa, la alegría, la luz y que el Niño-Dios es la vida.

Feliz Navidad a todos.