LA PALABRA 304

Cuantas veces la tentación se viste con tal de eludir, instigando que el mal es bueno… Muchas veces. Aunque hoy día las tentaciones solo las hemos reducido a problemas en la sexualidad, o por decir malas palabras o pleitos que pueden surgir en familia. La tentación no es solo eso. La tentación más grande es poner a Dios a nuestra imagen y semejanza. Es desviar de la misma libertad.

Hoy el Espíritu lleva a Jesús al desierto. El desierto, aunque parece momento de desgracia, puede llegar a ser el verdadero momento de gracia. Jesús va a vivir 40 días alejado de lo que ofrece el mundo, pero encontrándose con aquel que solo quiere engañar y dividir.

Las tentaciones que encuentra Jesús van en contra de las virtudes de la fe, esperanza y caridad.

La primera tentación es del tener, del hambre. Es cuando uno tiene hambre de algo, que el diablo allí ataca, en la debilidad. El diablo no quiere que uno sea caritativo, sino egoísta. Tener solo para uno mismo.

La segunda tentación es del poder. El diablo hace “bullying” a Jesús. Le pide que se arrodillara para darle todo lo que ya él había ganado. Es la tentación moderna del atajo. Hoy los jóvenes quieren todo rápido y ya. Como cuando Pedro le dijo a Jesús que evitara la cruz. Jesús le responde: “Apártate de mí, Satanás”.

La tercera tentación es la tentación del “show”: queremos milagros fascinantes a cuesta de la fe. Jesús nos enseña humildad desde lo más alto del templo de Jerusalén, el lugar más sagrado. Nadie se escapa de ser tentado.

Hoy es tiempo de entrar también a nuestro desierto de vida. La tentación se vence utilizando la misa Palabra.

Hay que caminar en medio de este desierto.