LA PALABRA 292

Cuantas veces hemos escuchado que los católicos son tristes. Que la liturgia es triste y actúan con tristeza. Yo personalmente más pienso que es al revés. Quien vive la santidad y el compromiso cristiano transpira alegría. La alegría cristiana pero no es lo que da el mundo. Jesús llama “bienaventurados” o “beatos” a los que según la sociedad son desafortunados en el discurso de la montaña.

Muchos buscan la alegría “pasandola bien” o “divirtiéndose” o quizás “distraerse” de la rutina diaria. Este es un remedio muy importante cuando hay tristeza o las cosas no van bien. Lo mismo miramos en la publicidad. Quien ofrece un producto esta sonriendo y feliz para que el producto se venda más fácilmente.

La alegría cristiana es más que diversión o posesión de objetos. Es dar y recibir amor. Es entender el verdadero sentido de la vida. Y esta alegría es compatible con la enfermedad, con las carencias o con las adversidades de la vida. Y esto es lo que nos lleva a la santidad.