La-Palabra-93

En el evangelio de hoy vemos a un leproso que vino a Jesús como la única oportunidad de su vida: él pide de rodillas, que quiere recuperar su salud, quiere dar un sentido a su vida, y tomar su lugar en la comunidad. Para Jesús ver a un leproso no es novedad. Lo que sí impresiona es que el leproso se expresa de una manera admirable grita: “¡Si quieres, puedes limpiarme!” Es decir: “¡No tienes que tocarme! Es suficiente que tu lo quieras para que yo me cure”.

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 Jesús, que tiene misericordia de él, lo curó pero quiere hacer la obra de Dios sin propaganda, por lo que le dice al leproso que no diga a nadie lo sucedido. Pero el hombre, una vez curado, se apresura a anunciar la noticia, por lo que Jesús no puede entrar abiertamente en la ciudad; “Él está fuera, en lugares solitarios, y la gente viene a él de todas partes.” Esta historia, se opone a dos tipos de contagio: La propagación de la lepra, que separa a cada leproso de la comunidad y El contagio de santidad, de Jesús que atrae a todos. El leproso no puede entrar a la ciudad a causa del temor de los habitantes; Jesús no puede entrar ahora, por el entusiasmo de las multitudes. Volviendo por un momento al leproso que dice “¡Si quieres, puedes curarme!” Él le dijo a Jesús: ¡Yo no puedo hacer nada en contra de este mal. Nadie puede hacer nada. Pero tú sólo tienes que quererlo, y la enfermedad cederá! La fe de este leproso muestran la misericordia y el amor de Jesús.

Al leer este evangelio debemos reflexionar ¿Cuántas personas excluimos de nuestra vida cuando nos enteramos de que tienen alguna enfermedad, practican otra religión, tienes ideas contrarias a las nuestras o son sexualmente distintos? Practicamos la fe, pero ¿realmente mi vida es un reflejo de mi seguimiento a Jesús? tomemos en cuenta que seguir y amar a Jesús es amar, compartir por los hermanos más desfavorecidos, comencemos ya a tener actitudes de amor hacia el necesitado. No se trata de dar, sino de “darse”, es mostrar al que sufre que “lo que a ti te pasa, a mí me importa y me conmueve”. Que este encuentro de Jesús con el leproso nos haga reflexionar sobre nuestros prejuicios sociales y sobre las discriminaciones que llevamos a cabo. Que el Señor nos dé el valor de trabajar por un mundo en el que haya espacio para todos