La Palabra 103

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El Evangelio de hoy nos habla de intimidad de vida vivida en comunidad. Él es la vid y nosotros los sarmientos, hay una autentica unidad entre él y nosotros, podríamos afirmar que Cristo es la comunidad y que la comunidad es Cristo. El Padre es el viñador, el que corta los sarmientos para impedir que la energía de la comunidad se malgaste en tantas cosas que no tienen que ver con la vivencia del Evangelio. “Permaneced en mí, y yo en ustedes”, permanecer en Cristo es unirse a la comunidad.

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Unos y otros nos olvidamos del principio básico: Jesús es la verdadera vid. Y no hay más vid que Jesús. Ahí está el punto nodal de unidad. Luego los sarmientos pueden crecer de formas muy diversas. Unos más hacia arriba, otros más hacia abajo. Unos en línea recta y otros retorcidos. Nada de eso es importante. Lo verdaderamente importante es que den frutos de vida, es que el amor de Dios llegue a todos. La unidad no consiste en la uniformidad. Los sarmientos son plurales, diferentes y eso precisamente es lo que hace bella y hermosa a la vida. Esa diferencia hace también que los frutos sean más abundantes, más variados, más ricos. No hay otra forma de trabajar por la unidad que esforzarse por estar unidos a Jesús, la verdadera vid, y abrazar la diversidad de nuestros hermanos y hermanas.

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