La Palabra 104

Hay una anécdota del famoso teólogo del siglo pasado, Karl Barth, a quien una vez le preguntaron, “¿Cuál es la verdad más profunda que usted ha descubierto en la Sagrada Escritura?”, a lo cual respondió: “Que Jesús me ama, esto es lo que yo sé”.

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Uno de los grandes problemas por los que pasa el ser humano es la carencia de amor. Esta carencia de amor es una de las causas de tantas tonterías que hacemos en el mundo. El amor recibido es el que nos hace capaces de amar.  Es así como Jesús nos cuenta el secreto de su vida, de su alegría, de su fecundidad misionera, Él dice: “SOY AMADO”. Igualmente el discípulo el discípulo es uno que ha sido amado, también debe presentarse diciendo “YO SOY UNO QUE HA SIDO AMADO”. Por eso esta palabra de Jesús es la respuesta a “pérdida de sentido” que mucha gente experimenta frente a la vida, y responde también a la falta de solidez, a la fragilidad interna que se nota a veces en la personalidad; fragilidad y pérdida de sentido que es raíz de la inconstancia, de la infidelidad, de la violencia, de los miedos, de las depresiones, etc.

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El amor pide reciprocidad. Para la amistad se necesitan dos. Por eso, la frase siguiente de Jesús es una invitación a responder al amor.  Jesús urge la respuesta con un imperativo: “¡Permaneced!”. Tan importante es esto que tres veces se repite el “permanecer”.

1) Primera decisión: Dejarse amar.

Permanecer en su amor es insertarse en El, entrar en una estrecha comunión de vida con El, acogiendo todos los signos de su amor, es decir, dejándose amar tal cómo el ha querido hacerlo con nosotros. La relación con Jesús no puede ser abstracta, supone la toma de conciencia de las formas concretas como nos ha amado y nos sigue amando.

(2) Segunda decisión: Actuar según el querer de Dios.

Permanecer en su amor es querer lo que El quiere. Al amor “primero” se le responde con obediencia. “Obedecer” es saber responder, eso significa que se ha captado el mensaje del amor y se entra en una increíble sintonía en la acción. En otras palabras, cuando uno ama a alguien siempre quiere hacer lo que le agrada, quiere verlo feliz. Esa es la respuesta esperada que Jesús expresa como “guardar sus mandamientos”.

(3) Tercera decisión: Ser como Jesús.

Permanecer en su amor es darle solidez a toda nuestras relaciones, dándoles la fuerza interna del amor del Hijo que permaneció en el amor de Padre, también él por la vía concreta (y no sentimental) del “guardar sus mandamientos”. El tipo de respuesta que Jesús le dio al amor del Padre es el modelo de la respuesta de la respuesta de los discípulos al amor de Jesús. A Jesús se le ama –uno se “inserta en él”- encarnando la manera como él acostumbraba responderle al Padre: con su praxis del Reino.