LA PALABRA 299

LA PALABRA 300

Que impresionante ver la barca de Pedro vacía.

Es que se supone que él es un pescador profesional. Estuvo toda la noche tratando de pescar. Y con la ayuda de otros. Pero la barca quedó vacía. Ya se había dando por vencido aquella madrugada. Hasta que un intruso le vino a darle vuelta no al día, sino a su vida.

Rema mar adentro“: un llamado que en aquel momento se siente hasta ofensivo, discriminatorio, chistoso. Y de un carpintero que de mar no sabe nada.

Pero el corazón de Simón se ablanda, pero con una condición: confiado en TU Palabra. El resultado es la abundancia de la gracia. La reacción es el estupor de todos los que están embarcados. El efecto es la auto conciencia de Pedro admitiendo que es un pecador.

Jesús no solamente lo acepta tal cuál como es, sino lo llama para algo más especial: Ser pescador de hombres. En pocas palabras Jesús sigue teniendo necesidad de la misma humanidad, aunque tan frágil.

Cuantas veces nuestra barca la encontramos vacía… hasta que podemos confiar en la Palabra.

No vale la pena estar pescando en la orilla del mar. Hay que remar. Lo demás lo hace el Señor.