La Palabra 165

Este domingo leemos la parábola del buen samaritano. Una historia que narra la caída del hombre rescatado por Jesús, quien al final es el Buen Samaritano. Por eso el buen samaritano es el símbolo de Cristo mismo, que salva a una víctima caída, herida por el pecado.

Una de las interpretaciones de esta parábola que viene de los primeros siglos dice así: “El hombre que cae es Adán. Jerusalén representa el paraíso (el lugar sagrado) y Jericó el mundo. En la geografía Jericó está en un abismo: el lugar más bajo el nivel del mar en el mundo. Cabal donde está el mar Muerto.  Los ladrones son los poderes hostiles. El sacerdote es la ley, el levita simboliza a los profetas y el samaritano es Cristo. Las heridas son la desobediencia; la cabalgadura es el cuerpo del Señor; el [mesón], que acepta a todo el que desee entrar, es la Iglesia… El mesonero es la cabeza de la Iglesia, a cuyo cuidado se ha confiado. Y el hecho de que el samaritano promete volver representa la segunda venida del Salvador”.s3

Hay mucho simbolismo en está parábola. Este relato implica que el hombre descendió intencionadamente, conocedor de los riesgos que implicaba el viaje. Nadie le obligó a descender a Jericó; y así nos pasa muchas veces a nosotros quienes buscamos el peligro…

Los ladrones (el diablo que es muy organizado) lo despojaron pero de su gracia y dignidad; lo hirieron (implicando el dolor que causa el pecado); y lo dejaron medio muerto (implica que el pecado nos aparta de Dios).

Luego vienen los que no quisieron ayudar: todos los antiguos comentaristas cristianos consideraban que el sacerdote representaba la ley de Moisés. Aquí damos cuenta que la ley de Moisés carecía del poder para salvarle. Por eso siguió. Se consideraba al levita un representante de los profetas del Antiguo Testamento. Pero en ellos no hay la culminación de la Palabra.

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Parecía que el samaritano (símbolo del Cristo) buscaba intencionadamente personas a las que ayudar. No aparece a pura casualidad. A él le dio lástima y sintió misericordia: y este alude al amor puro de Cristo. La palabra griega expresa que las entrañas del samaritano fueron conmovidas con una profunda compasión interior. Los vendajes representaban el amor, la fe y la esperanza, “ligaduras de salvación que no se pueden quebrar”. El aceite representa las palabras de consuelo de Cristoy también la “santa unción”. El samaritano también derramó vino en la herida abierta para limpiarla, que representa la sangre de Cristo.

La cabalgadura del samaritano representa el cuerpo de Cristo, y esto equivale a creer que Dios se hizo carne, asumió nuestros pecados y padeció por nosotros. . El “mesón” era “una vivienda pública abierta a todos”. Un refugio público se asemeja de diversas maneras a la Iglesia de Cristo. El samaritano permaneció con el herido y cuidó de él en persona la primera noche. El personaje que representa a Cristo promete claramente volver otra vez, una clara alusión a la segunda venida de Cristo.

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“¿Y quién es mi prójimo?”  pregunta aquel hombre que quería poner a prueba a Jesús. La respuesta sólo se puede entender bajando a “Jericó”, y estar con los más necesitados.

Vete y haz tú lo mismo, sal a los caminos, recoge a los tirados y denuncia a los salteadores, cura con vino y aceite. Aprende quién es tu próximo, acompaña  y escucha la Palabra de Dios, en el pueblo y en la vida. Vete y déjate acompañar, siéntete pecador, herido, amado y tratado por Dios con misericordia, para que puedas tratar a los demás de la misma manera.