La Palabra 169

La tentación de hoy es de confundir el reino de Dios con la acumulación de bienes. El Reino es exactamente al revés: nos pide hacer justicia con los pobres, de brindar ayuda y compartir nuestros bienes. Como dice Jesús hoy: “Donde está tu tesoro, allí está tu corazón”._ahi-esta-tu-corazon

Nuestro mundo está mal administrado. Los bienes de la tierra están en manos de unos pocos. El 1% más rico tendrá en este año 2016 más que el resto de la población mundial. A día de hoy, una de cada nueve personas carece de alimentos suficientes para comer y más de mil millones de personas aún viven con menos de 1,25 dólares al día. Podríamos señalar  a los culpables, pero de alguna manera estamos todos implicados. Y lo más triste es que muchos se olvidan de que el amo ha de venir.

Por eso ¿cómo vamos a poner a Jesús como  nuestro tesoro? Sería con tres actitudes:

Estar en vela: Esto implica no dejarse llevar por la corriente de materialismo en que vivimos. O peor vivir en la indiferencia espiritual o ser haragán en las cosas de Dios. En una de las parábolas de hoy miramos que el patrón está participando en una fiesta de matrimonio. El regreso se prevé para ese mismo día, lo cierto es que puede ser a altas horas de la noche. Lo importante es la actitud de los servidores: estarán listos para abrir la puerta en preciso instante en que llegue y toque la puerta. Aquí miramos la eficacia del servicio porque uno ama a su patrón.en vela

Estar preparados: el discípulo siempre está dispuesto a servir. “Estén ceñidos vuestras cinturas y las lámparas encendidas”. La primera imagen describe el gesto de colocarse un cinturón como una manera de decir: “anden en ropa de trabajo”.  Cuando la gente estaba en su casa habitualmente usaba la ropa de manera más holgada. Para trabajar había que recoger la túnica con un cincho. Con esta imagen el Señor quiere que estemos preparados por su llegada como la famosa Ana y los pastores en su nacimiento. Lo mismo es con la lámpara encendida.  Una lámpara prendida hace posible a cualquier hora una actividad de improviso. Como lo deja entender la parábola, el patrón necesitaba de luz para poder entrar de improviso en su casa a altas horas de la noche, y así sus servidores se la proporcionarán.

Ser servidores fieles: cumplir con mis deberes a donde yo sea y en mi familia. Ser sembrador de los buenos valores en mi comunidad.

Monseñor Oscar Romero lo decía en una ocasión: “Somos los sirvientes en espera del Señor que ha de venir. ¡Ojalá no lo olvidara nadie!, ni aquellos que se han sentido dueños del mundo, porque tienen en sus manos los poderes. También ellos, son los criados del Señor que ha de venir. Y el evangelio termina terriblemente: aquel al que se le ha dado más, mayores responsabilidades, será juzgado con mayor severidad, aquel que pudo hacer feliz al mundo con sus bienes, y solamente vivió de sus egoísmos. Están soñando. Vendrá el día, los despertará; y se encontrarán frente al dueño de las cosas, al dueño de los pueblos, frente al Señor de la historia”.