La Palabra 199

A partir de hoy entramos en el camino dominical de la Cuaresma. Es un recorrido de 40 días que nos llevará hasta la Pascua del Señor, en la cual diremos junto con la comunidad: “no” a Satanás y “sí” a Dios. Este es el domingo “de las Tentaciones”.

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Jesús sabe bien que el desierto, en la Biblia, es el lugar de la soledad, del hambre, donde hay una sensación de pérdida. Es el Espíritu Santo quien guía en el desierto para afrontar las pruebas de nuestra fidelidad.  Es diferente de aquel mundo maravilloso en la primera lectura que Dios hizo como un jardín, como un lugar de encuentro y de diálogo con el hombre, pero donde fallaron Adán y Eva. Jesús es el jardín del Padre, la humanidad nueva para un mundo renovado, y desea realizarlo a través de los 40 días de desierto invitándonos a cada uno de nosotros a seguirlo. Jesús revive la experiencia de Moisés en el desierto: ayuna. En su ayuno, Jesús “velaba” y “oraba”. Esto mismo es lo que les pedirá a sus discípulos que hagan para hacerle frente a la tentación.

En las tres tentaciones, Satanás trata de inducir a Jesús para vivir según una lógica de vida distinta y no la del Padre. Le propone ser un Mesías que se somete a las expectativas que provienen de los intereses y de los impulsos humanos. Hay tres tentaciones: la iniciativa proviene siempre del diablo, Jesús las rebate una por una. Las tentaciones se van dando en tres lugares: el desierto, el Templo y la Montaña. Hay una especie de “crescendo” a lo largo de este recorrido geográfico:

o La primera tentación es a ras del suelo: se trata de comer.

o En la segunda tentación se llega al pináculo del Templo: se trata de verificar si funciona o no la promesa de la Palabra de Dios.

o La tercera tentación es aún más alta: la cima de una montaña. Allí paradójicamente el diablo le pide a Jesús que se “abaje” (sentido de adorar) ante él.

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Miramos estos en un poco más de detalle:

PRIMERA TENTACIÓN: De las cosas materiales. El tentador ataca en el momento cuando uno se encuentra más débil. Le propone ser un Mesías que resuelve el grave problema del hambre. Con la propuesta de transformar las piedras en panes, el diablo le pide a Jesús que utilice el poder que le viene de su altísima dignidad, de su comunión con Dios. Lo invita a rebelarse contra Dios y a separarse de Él. Jesús con la misma Palabra, rechaza la propuesta.

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SEGUNDA TENTACIÓN: Del espectáculo y de la popularidad. El diablo quiere que Jesús sorprenda a las multitudes con ilusionismos mágicos.  El diablo quiere alejar a Cristo del camino de la cruz ofreciendo una oportunidad sensacionalista para atraer a toda la gente. Arrojarse de tal altura, desde donde sin el auxilio extraordinario de Dos le espera una muerte segura, suponía una gran audacia. Se esperaría de Jesús un vuelo espectacular o un ejército de ángeles viniendo enseguida en su auxilio. El hecho que Jesús esté en el Templo es todavía más significativo. El diablo jugó a ser teólogo citando la santa Escritura y distorsionando su sentido de sus palabras. Jesús entonces le dice tajantemente la frase del Deuteronomio  “¡No tentarás al Señor tu Dios!”. No se puede reducir a Dios a un simple objeto de mercado al que se le utiliza según el antojo.

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TERCERA TENTACIÓN: Del poder del mundo y la tentación de acumular. La última tentación es la más intensa, cuando ha cuestionado la “divinidad” de Dios que Jesús llama su Padre, el diablo enseguida se propone a sí mismo como tal. Le muestra “los reinos del mundo y su gloria”. La “gloria” aquí indica la apariencia, el esplendor engañoso, la inestabilidad propia de su dominio. La propuesta entonces es la adquisición de todo ese poder con el cual se consigue dinero. Detrás de esta tentación está, entonces, la idolatría del mundo consumista, centrado en ideales económicos y en la expansión del poder político mediante el aparato militar. La tentación es clara: ser esclavos de un mundo que le da las espaldas a Dios entrando en el juego sucio de las alianzas políticas y económicas que exaltan a unos y someten a otros, que enriquecen a unos y empobrecen a otros, que concentran todos en las manos de unos pocos y marginan a los demás. Esto es diabólico.

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Jesús se pone de parte de Dios. El diablo no consigue separarlo de su Padre y de su proyecto.

El diablo se va, pero no hay que pensar que ha sido definitivamente vencido. Se retira por efecto de la orden de Jesús, pero él volverá al ataque…..