La Palabra 172

Un buen maestro siempre está enseñando. En las diversas circunstancias de la vida cotidiana Jesús siempre transmite una enseñanza a quien encuentra en su camino. Jesús va introduciendo la semilla del Reino que genera una verdadera revolución en las maneras de pensar y en el comportamiento cultural de la gente de su tiempo.  Jesús entra en la vida cotidiana ya configurada por cada persona y su sociedad, cuestiona y propone. Hoy podemos decir que la escuela de Jesús es una escuela de humildad.papa

 

Jesús es invitado en la casa de un fariseo para comer. Los presentes llevan una lente de crítica hacia Jesús. En torno a la comida en común se viven los grandes valores de como relacionarse. Los evangelios dan mucha importancia a los momentos de comida. No es simplemente el hecho de alimentarse; en la comida compartida se ejerce la hospitalidad, se teje la amistad, se experimenta la gracia del compartir, se abre el corazón. Los grandes impulsos internos del amor siempre pasan por la mesa.

Jesús hizo de la mesa un espacio de evangelización y de construcción de la comunidad. Lo vemos comiendo con pecadores, con sus discípulos, pero también con sus enemigos que son los fariseos. Esta vez esta con uno de los jefes de los fariseos, evangelizando hasta en sus propias casas. Y todo esto sucede en un día sábado: día bien guardado por los mismos fariseos.

Jesús observa: ve en los comensales de aquella mesa que quieren los puestos más visibles  los que indican superioridad. Y lo hace narrando una pequeña parábola de alguien que busca el primer puesto en una fiesta y termina perdiendo este lugar por intruso.

Toda búsqueda de honor fracasa delante de Dios; es más, tiene un efecto contrario. Dios no está dispuesto a admitir las jerarquías de honor que nos inventamos los hombres. De ahí que el verdadero lugar del hombre es el que ocupa ante Dios y no el que puede ganar esforzándose en su propia promoción. La última palabra sobre el valor de las personas la tiene Dios. Esto ya lo había dicho María en el Magníficat: “Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes”.siempre-al-lado-de-los-pobres

Hay que vencer la repugnancia y los prejuicios. El corazón debe ensancharse para darle espacio a todos, especialmente a los desfavorecidos, los abandonados, los que sufren, y acogerlos con amor, haciéndolos parte de nuestra propia vida.

Hoy celebrando a San Agustín recordemos sus palabras: “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano.”

Recordemos que el próximo domingo Madre Teresa será declarada SANTA.