Ser discípulo de Jesús tiene un precio y hay que asumirlo. Aunque sale caro pero es el precio de la libertad verdadera, de la responsabilidad y del compromiso radical: ser discípulo de Jesús requiere salir del anonimato y comprometerse en primera persona. Jesús no está al expectativa de que si tiene “fans” o muchos “likes” sino se requiere de personas que lo dejan todo para seguir a él.Help-One-Another-Faith-Stock-Photos

Las condiciones para ser discípulo son las siguientes:

–          Tener a Jesús en primer lugar despegándose de la familia

–          Ser disponible de aceptar la cruz y renunciar a todo.

Esto presupone la que llamamos “prudencia y perseverancia” ante el entusiasmo inicial que muchas veces tiene el discípulo. Se requiere, como leemos en las dos parábolas pequeñas de hoy, el realismo del arquitecto que construye un edificio y la prudencia de un rey que enfrenta una guerra. Todo esto se logra con la perseverancia. No basta la buena voluntad para ser cristiano. Ser discípulo de Jesús comporta decisiones y riesgos que determinan la vida entera de quien hace la opción por él.

Esta radicalidad ya la habíamos visto desde el primer día, cuando los primeros discípulos “lo dejaron todo” para seguir a Jesús. Por eso Simón Pedro y sus compañeros ya lo sabían. Lo mismo le pasó el joven rico pero que no quiso tomar la decisión radical de dejarlo todo.

Ser discípulo es tener a Jesús en el centro de tu vida: todo cae en segundo lugar. Por eso Lucas pone a lista de los 7 amores que pueden ocupar el corazón de uno antes que Jesús: (1) Padre, (2) Madre, (3) Esposa  (4) Hijos, (5) Hermanos, (6) Hermanas, (7) La propia vida. Todo esto puede afectar la opción por Jesús.compromiso

La lista de las renuncias terminó con la de la “la propia vida”. Esta renuncia no se comprende si no es a la luz del misterio de la Cruz, por eso la frase siguiente: “El que no lleve su cruz y me sigue, no puede ser discípulo mío”. Centrarse en Jesús, es centrarse en su Cruz. Se trata de “cargar” la propia cruz, es decir, el discípulo se coloca en el lugar de Jesús. Seguir a Jesús no es algo superficial y hay que reflexionar bien como nos cuentan las dos parábolas.  Ambas apuntan a la misma idea: la necesidad de una correcta evaluación de la situación antes de emprender una aventura. Las dos historias terminan llevan a la misma moraleja: una persona que no cuenta con suficientes recursos no debería embarcarse en una empresa que de antemano sabe que va a fracasar y que pondrá su nombre en ridículo frente a sus conocidos. Jesús no quiere compromisos a medias.

Jesús hoy nos pone contra la pared, como si tratara de decirnos: o todo o nada. No son suficientes las conversiones momentáneas ni superficiales, llevadas por la emoción del primer momento o como la llamamos aquí “las llamaradas de tuza”, sino el compromiso verdadero.

Alegrémonos hoy en la fiesta de la canonización de SANTA MADRE TERESA DE CALCUTA. Ella que era el lápiz en las manos de Dios y que con su discipulado sirvió al más pobre de los pobres, encontrándose con Jesús en cada persona.