La Palabra 175

Después que el domingo pasado leímos las tres parábolas de la misericordia, hoy Lucas nos da una catequesis sobre la administración de los bienes. El mensaje esta al final: no podemos servir a Dios y al dinero al mismo tiempo. Pero en medio de todo esto salen muchas reflexiones y preguntas.parabola-del-mal-administrador-2

Jesús narra la parábola del mal administrador quien es alabado no por la corrupción que comete, sino por su astucia de saber manejar su situación ganando amigos antes de ser despedido. Con esto quiere decir que si “los hijos de este mundo”, con su modo de actuar, entienden que para asegurarse el mañana deben actuar en el hoy con inteligencia y prudencia, con mayor inteligencia debe obrar los “hijos de la luz” para los asuntos de la vida en plenitud, que es la vida eterna.

La lección del evangelio de hoy es para enseñarnos que la sabiduría de los hijos de Dios se debe demostrar sobre todo en el uso de los bienes terrenales. Vivimos en un mundo donde la corrupción es el pan de cada día. Y no solamente en lo que se refiere el mal uso del dinero, sino de nuestros talentos e incluso de nuestro cuerpo.dinero

Al discípulo, Jesús se le pide (1) que sea “fiel y responsable– en la administración de lo terreno y (2) que esta administración no desvíe su corazón de su opción radical por Dios, sino todo lo contrario, que se consagre completamente y con absoluta lealtad al “servicio” de Dios y de sus intereses en el mundo. Los dos aspectos se complementan.

Fidelidad en lo poco implica responsabilidad en lo mucho. Ésta implica dedicación, constancia, honestidad, transparencia, celo por los intereses del propietario. Lo contrario es el injusto y el deshonesto que en nuestros ambientes no hacen falta. Jesús nos pide responsabilidad con lo que administramos. Nunca olvido la escena del día después que el Papa Francisco fue elegido como el sucesor de San Pedro. Fue al hotel donde estaba hospedado para cancelar lo que debía.

La otra cara de la moneda es la lealtad a Dios.  Este es el otro aspecto importante: que el trabajo cotidiano y la lucha por lo que necesitamos para la vida no aparte nuestro corazón de Dios. Manejamos dinero pero ¡no hagamos de él un ídolo! Esto implica una evaluación continua por parte del discípulo para no dejarse esclavizar por la administración terrena y tener los mejores espacios para el servicio de Dios.elcartonero

Por eso en síntesis el evangelio de hoy: el discípulo debe tener los pies en la tierra pero el corazón en el cielo.