La Palabra 177

En el evangelio de hoy se escucha el grito de los discípulos: “¡Auméntanos la fe!”. Seguramente era un momento de crisis o de experiencias que les habían marcado en sus vidas.

En este mismo evangelio de Lucas encontramos varias  experiencias de fe: tenemos a Zacarias quien no quiso creer que su esposa Isabel iba a tener un hijo; luego a María quien acepta con mucha fe la misión de ser Madre de Dios (“feliz la que ha creído”). Hay historias de los marginados como de los que llevaban al paralítico o del centurión  que fue felicitado: “Ni en Israel he encontrado una fe tan grande”; está la historia de la prostituta, quien llorando escuchó las palabras: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”, como del leproso samaritano y del ciego de Jericó. Llama la atención lo que Jesús dice a Jairo cuando se le muere la niña de doce años: “No temas, solamente ten fe y se salvará”. Pero también se mira la fe débil de los discípulos ante la tempestad en medio del lago y como Jesús les reprende: “¿Dónde está vuestra fe?”fe

Frente a tantas experiencias, hoy está la súplica de los discípulos.

¿Será que la fe se puede medir? ¿Es cuestión de cantidades?

Aunque la fe no se puede cuantificar, Jesús responde diciendo que aún una poca cantidad de fe es capaz de hacer obras impensables: dando el ejemplo de la semilla de mostaza y del árbol frondoso. El ejemplo que nos da Jesús no es para tomarlo literalmente como si fuéramos magos sino se refiere a la habilidad que caracteriza al líder de la comunidad y al misionero. Éste no es un mago sino un héroe de la fe. Entonces fe es cuando uno es capaz de aceptar totalmente la Palabra y dejar que Cristo germine al oyente. En esta frase se entiende mejor la parábola de la semilla y el sembrador y también como se fue germinando lentamente la fe de los discípulos de Emaús al aceptar la Palabra en sus vidas.

Por eso la fe trae sorpresas porque es capaz de obrar transformaciones inimaginables. No es necesaria una fe extraordinaria, sino sólo se necesita una pizca de fe.

El evangelio luego pasa a la otra parte de la enseñanza: la parábola del “siervo que regresa del campo”. Este siervo parece tener que hacerlo todo en la hacienda de su señor: sembrar el campo, pastorear los rebaños y, al final de día, atender las tareas domésticas; el servicio ocupa completamente su vida. Los tres campos de servicio coinciden muy bien con las tres imágenes más frecuentes del apostolado en el evangelio. El servicio a su patrón va primero que la satisfacción de sus personales necesidades como es la comida. El cumplimiento de todas estas tareas no le intitula ninguna recompensa, no es la base para reclamar derechos, lo único que importa es la satisfacción del deber cumplido.fe2

Por eso Jesús dirigiéndose a sus discípulos les enseña que la actitud tiene que ser de indignos en el servicio. La conciencia del servidor de Jesús es la de una persona que, abandonada en la fe, con la vida centrada en su Señor, se da sin reservas y con gratuidad en el servicio aspirando siempre al cumplimiento cabal de su “deber”. Lo equivocado es la actitud de quien reclama retribución y piensa que puede hacerle reclamos a Dios.

Por eso, tratemos de cumplir nuestro deber con fe, sin esperar la recompensa en este mundo. Les invito a escuchar esta canción: