La Palabra 178

En el evangelio de hoy encontramos una catequesis sobre la gratitud. El tema de fe sigue también hoy, después que el domingo pasado hemos escuchado la súplica de los apóstoles. La gratitud tiene que ver con la fe, porque los gestos de amor nacen de un corazón aunque no espera nada de regreso pero se espera naturalmente escuchar un “gracias”.

Durante esto tres próximos domingos Jesús nos enseñará como orar:

Encontramos hoy la oración de acción de gracias; próximo domingo la oración de súplica con la viuda persistente y luego la oración de penitencial con la historia del fariseo y el publicanogracias.

La primera parte de la historia vemos cómo un grupo de diez leprosos sale al encuentro de Jesús pidiendo la curación. En vez de curarlos en el lugar, Jesús simplemente los manda con los sacerdotes. Los diez leprosos se paran “a distancia” lo que indica su doble desgracia: su enfermedad física y también su marginación social y religiosa. La situación de una persona sospechosa de lepra era grave, a ésta se le apartaba de la vida social y sólo si lograba curarse se le reintegraba, pero no sin pasar previamente por un riguroso “examen médico” y un ritual sacrificial en el Templo por parte de un sacerdote. Según la mentalidad rabínica la curación de un leproso era tan difícil como levantar a una persona de la muerte.lepra

Los leprosos claman su misericordia igual como lo hace el ciego de Jericó y el publicano: “Ten compasión de nosotros”. Miramos la desesperación de los leprosos y la misericordia del corazón de Jesús. El envío donde los sacerdotes ocurre antes de la curación. Lo que Jesús hace esta vez no es normal, porque la ida donde los sacerdotes supone que ya se ha superado la enfermedad. Esta es una prueba de la fe de los leprosos en el poder de la Palabra de Jesús.

Este relato tiene una segunda parte completamente novedosa que saca a la luz nuevos temas propios del maravilloso evangelio de Lucas: Uno de los curados no va donde los sacerdotes sino que emprende el camino de regreso donde Jesús. Se realiza entonces un segundo encuentro con Jesús. Al darse cuenta que está curado, el samaritano regresa “glorificando a Dios en alta voz” y se lo hace quizás cantando y danzando en alabanza a Dios. Lo hace en la misma manera que lo hacen los pastores de Belén cuando regresan después del encuentro con el niño Dios. Al mismo tiempo el samaritano se postra en tierra. Esto indica sometimiento, respeto, abandono, adoración, entrega. De esta manera se reconoce la grandeza de Dios y se le consagra completamente la vida.lepra2

Y hasta este momento demos cuenta que este hombre en realidad es un samaritano! Que sea uno solo de diez nos dice que la espiritualidad de la gratitud ni es común ni es fácil.

Las últimas palabras de Jesús son para el samaritano: (1) le ordena levantarse de la adoración y (2) seguir su camino. Y es aquí donde suena la bella declaración que sintetiza todo lo vivido en los dos encuentros con él: “Tu fe te ha salvado”.