La Palabra 179

Hoy encontramos la segunda catequesis sobre la oración con una parábola. Después de la enseñanza de la “oración de acción de gracias” como la vimos en la historia de los leprosos, hoy tenemos la enseñanza sobre la “oración de súplica y perseverante” en los momentos de prueba.1

A todos nos pasan momentos de oscuridad en la vida de oración donde uno ya no la saborea igual y corre con la tentación de abandonarla por completo. Puede ser el fruto de un cansancio espiritual y lleguemos a preguntar hasta lo más básico: ¿Será que verdaderamente le importo al Señor? y también ¿Para qué seguir insistiendo en la oración? Es que cuando la fe flaquea, la oración viene para abajo.

Una palabra que se repite muchas veces en la parábola que hoy se lee del juez y la viuda insistente es “justicia de Dios”. La parábola cuenta en pocas palabras la historia de una viuda quien en un primer momento fracasa en el esfuerzo por conseguir que el juez del pueblo le resuelva su caso. Se mira que el juez es corrupto, pero una así  esta mujer que se mira débil, al final logra su propósito gracias a su persistencia.

El juez pasaba por encima de todo lo que sea: Dios y la gente. Es un juez sin ética y que ayudaba a la gente con más poder en la sociedad. Casi es lo mismo de lo que miramos aún aquí en Guatemala. De la otra parte hay una viuda que es una de las 5 que se mencionan en Lucas, las otras siendo Ana, la viuda de Sarepta, la viuda de Naím y la que dio la ofrenda en el templo. Una viuda en el ambiente de la Biblia siempre es débil y vulnerable: es el rostro del más pobre en un ambiente machista. Ella viene donde el juez para procurar que se le haga justicia contra alguien que estaba aprovechando de ella. Su situación se mira grave e urgente. Pero no tiene con que pagar sobornos. El único camino que le queda al débil es la persistencia. La petición de la viuda durante largo tiempo cae en saco roto, pero finalmente el juez cede.2

El juez dialoga consigo mismo y llega a la razón que tiene que hacer justicia. Y la hace. Y aquí donde Jesús nos da la enseñanza: el proceder de Dios con los pobres que le claman es completamente opuesta a la del juez corrupto. Lo único que tienen en común, Dios y el juez, es que harán “justicia pronto”.

Cuantas veces tenemos mal concepto de un Dios que es Juez, pensando que Él va tomando nota de todo lo malo que hacemos para condenarnos. Pero el Dios Juez es muy diferente: en realidad todo empieza que Dios es amor. Al final el “hacer justicia” implica también el actuar positivo de Dios que restaura la vida del ofendido. Y esta es la dimensión positiva de “hacer justicia”. Este es el proyecto creador de Dios, el cual tiene como finalidad la vida, el crecimiento y la plena felicidad del hombre.3

Al final encontramos esta pregunta: ¿encontrará la fe sobre la tierra?” Dios es fiel con el hombre, “pero” ¿el hombre será fiel con Dios? La perseverancia y la fidelidad en el discipulado es lo que se requiere para que suceda la justicia final de Dios. Por lo tanto tiene sentido vivir la noche –con la lámpara de la oración perseverante porque sólo así llegará el amanecer.