La Palabra 200

¿Porque en cuaresma hablamos de transfiguración? Porque este es el verdadero camino de un encuentro con Jesús. No podemos caminar sino cambiar actitudes. Entramos hoy en la segunda etapa de nuestro caminar cuaresmal. Este domingo es como la otra cara de la moneda con relación al pasado: si allá contemplamos a Jesús en su humanidad probada, ahora lo vemos en su humanidad glorificada.

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También aquí, como en la historia de las tentaciones, podemos notar referencias al Antiguo Testamento, sobre todo la de la subida de Moisés a la Montaña Santa con tres compañeros y donde la nube de la gloria del Señor lo envuelve en el monte. Entonces Dios lo llama desde la nube. El rostro de Moisés quedó resplandeciente después del encuentro con Dios.

Estamos ante un relato de “manifestación de Jesús”. Nosotros lo llamamos “teofanía”. Dios se manifiesta.

Todo esto está relacionado con el acontecimiento de la Cruz que los discípulos sienten resistencia de cargar. En la transfiguración Jesús los educa sobre cómo se hace un camino pascual. Y por eso se presenta hoy la transfiguración.

Los compañeros de Jesús son tres: Pedro y los dos hermanos hijos de Zebedeo. Son signo de la fraternidad que quiere Jesús que al final es el ser Iglesia.

En Mateo encontramos alusión a tres montes significativos: el de las tentaciones, el de la transfiguración y el del envío de los Once por el mundo entero por parte del Señor resucitado. Una tradición ha querido ver en la montaña aquí referida la montaña del Tabor en Galilea. Pero los evangelistas no le dan nombre.

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Jesús les permite a sus tres discípulos ver su divinidad. Jesús fue “transfigurado”: un cambio notable se da en su rostro y en sus vestidos (el resplandor de su cuerpo traspasa los vestidos). Para ayudar a entrar en el acontecimiento, Mateo acude a los símbolos del sol y de la luz. El sol y la luz son símbolos del cumplimiento, de lo divino, así como la “tiniebla extrema” simboliza la lejanía de Dios. La aparición de Moisés y Elías nos confirma que estamos en el ámbito de la divinidad, porque ambos ya están glorificados. Moisés y Elías representan la antigua Alianza: Moisés representa la Ley y Elías a los Profetas.

Jesús dialoga con los representantes de Ley y los Profetas: el misterio Pascual es el cumplimiento anunciado y Moisés y Elías son sus testigos.

También en las reacciones notamos una secuencia. Pedro es el primero en reaccionar, luego lo harán los otros ante la nube. Pedro llama a Jesús: “Señor”, un título muy usado por los discípulos para llamar a Jesús en el evangelio de Mateo. El de Pedro es un grito de oración, un clamor. De esta forma expresa el gozo indecible que proviene de la contemplación de la gloria.

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Enseguida propone construir tres tiendas. Se capta el deseo de Pedro de retener el instante, como se fuera crear un cuadro o tomar una fotografía.

La aparición de la “nube luminosa” indica la presencia de Dios. Es claro que estamos dentro del universo simbólico de la Biblia. Como cuando en el tiempo de Moisés, la “nube” acompañaba al pueblo. La voz de la nube constituye el punto culminante de la escena. Mateo ha puesto en perfecto paralelo la voz de la nube en la transfiguración y con la del bautismo. Como reacción, los tres discípulos caen rostro en tierra –un gesto de adoración- y sienten un gran miedo.

No perdamos de vista que este “transfigurar” a Jesús, tiene una fuerte dimensión eucarística: nos hacemos uno sólo con Jesús para reflejarle al mundo su gloria. Para esto hay que hacer el camino eucarístico de la Cruz.