La Palabra 187

Hemos vivido dos domingos de adviento con mensajes fuertes: primer domingo la invitación a velar. Domingo pasado se hizo la invitación al arrepentimiento. Este domingo es el domingo de la alegría porque se acerca el nacimiento de Jesús.

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Después que el pueblo de Israel había vivido la mala experiencia del exilio de Babilonia, viviendo bajo malas condiciones por más de 70 años, los sentimientos están al suelo. Están desanimados sin signos de esperanza. Pero es el profeta Isaías quien frente a esta situación tan difícil les demuestra que Dios no ha abandonado a su pueblo. Y en la primera lectura de hoy leemos como el profeta les anima, les asegura que Dios no los ha abandonado y les anuncia el retorno a su casa. Por eso le dice que sean fuertes y que no teman.

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Hoy más que nunca nosotros estamos viviendo en las mismas situaciones del pueblo en el exilio. Hoy vivimos con miedo y desanimados. Muchas veces las razones son personales y también generales. Personales cuando pasamos por dificultades en familia y generales por las situaciones que pasan en nuestro entorno, sociedad y el mundo. Y frente a estas situaciones en el mundo de hoy, el hombre necesita de mensaje de esperanza y de alegría.

Y el mensaje de alegría es grande: Dios viene a salvarnos. Quiere decir que Dios todavía cree en la humanidad y que no nos ha abandonado. El mantiene su Palabra. Y este es el mensaje del Salmo de hoy. Jesús es el regalo más grande que la humanidad jamás podía recibir y lo que Dios podía dar. Signos de esta salvación son los milagros que Cristo actuó en su vida y hoy los menciona Jesús en el Evangelio frente a la duda que tenía Juan el Bautista: “los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio”. Esta es la gran noticia de alegría que nos trae la salvación.

Ahora la gran pregunta que se hace es la siguiente: Si Cristo vino a instaurar un reino de justicia y de paz ¿Por qué todavía reina más la violencia, la guerra, la injusticia y las malas noticias? ¿Qué es lo que hace falta? Y la respuesta es nuestra colaboración en la construcción de este Reino. Tenemos que ser nosotros los mensajeros del mensaje de Cristo.

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Por eso en este Adviento que llevemos nuestro testimonio y alegría a los que han perdido el sentido de esperanza y de vida; de ser luz a los que están en tinieblas y de practicar las buenas obras de misericordia donde hay tanta miseria.