La Palabra 207

Una de las historias de apariciones de Jesús Resucitado más leídas y amadas es la de los discípulos de Emaús. Es la historia de una “conversión pascual”. El relato está construido sobre el tema del “camino”, en un itinerario de ida y vuelta, dos veces pasan por el mismo camino. El punto de referencia es Jerusalén, donde todavía está fresco lo que pasó en la Pasión. Emaús marca el punto de giro.

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En este “camino” podemos reflexionar:

¿Alguna vez han visto personas regresando a casa después de un entierro? Ellos se quedaron en lo que había pasado el viernes santo. Para ellos terminó la historia de Jesús, habían perdido toda esperanza. “Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel”. Son dos discípulos que se alejan de la comunidad y regresan al que quizás sea su lugar de origen y discuten amargadamente sobre los eventos de la Cruz.

Jesús, entrando en el camino sin dejarse reconocer, interviene inicialmente para hacerlos repetir la historia una vez más. Luego toma la palabra para abrirles una nueva perspectiva. Les muestra, partiendo de las Escrituras, que el camino de sufrimiento recorrido por el Mesías era querido por Dios. Les hace entender que la Cruz hay que verla desde la lógica salvífica de Dios revelada en las Escrituras: “Empezando por Moisés y continuando por todos los profetas”.

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Después de larga caminata escuchándolo, y cuando llegan a su destino, los discípulos lo invitan a pasar la noche en su casa y a compartir su mesa. Él deja que sean los dos discípulos los que le pidan que se quede con ellos. Por eso “hizo las veces de quien sigue adelante”. Jesús no quiere imponerles nada; su presencia y su cercanía deben ser solicitadas.

Allí él se les da a conocer en la “Fracción del Pan”. Entonces lo reconocen pero Él desaparece de su presencia, porque ya logró su finalidad. Al reconocer al Señor resucitado, ellos comprenden que el fin del camino recorrido por Jesús en su ministerio no era la muerte, sino la gloria. En este momento se llenaron de alegría.

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Entonces regresan a Jerusalén y anuncian su experiencia: el encuentro con el Resucitado. En el mismo día están de nuevo en el punto de partida: no ya como sobrevivientes desilusionados, sin fuerza ni coraje, sino como mensajeros de la resurrección.