La Palabra 203

Cuando la Cuaresma va llegando a su cumbre, el itinerario bautismal que nos propone la Iglesia nos coloca ante uno de los relatos más sublimes de todo el Evangelio de Juan: la resurrección de Lázaro. Es justamente en un momento de tensión, donde comienza el relato de la resurrección de Lázaro, el cual supone el regreso de Jesús a las inmediaciones de Jerusalén, allí donde su integridad personal está amenazada.

l3

La historia de la resurrección de Lázaro se envuelve en 5 etapas.

  1. Jesús recibe la noticia de la enfermedad de su amigo. Para Jesús cuenta mucho la relación personal con cada uno. En Jesús cada hombre está llamado a experimentar la solicitud cordial y personal de Dios; y es al interior de esta relación personal con Él que se realiza la salvación.
  2. Jesús prepara a sus discípulos para el signo que está a punto de realizar. Jesús propone de volver a Judea. Jesús espera que los discípulos confirman su fe y comprender las consecuencias.
  3. Jesús se encuentra con las hermanas de Lázaro y con el pueblo. Subraya el clima de tristeza y la sensación humana impotente frente la muerte. Marta habla con Jesús demostrando su fe pero también la desilusión por haber llegado tarde. Pero tiene esperanza. Ante la expectativa de Marta, Jesús le anuncia: “Tu hermano resucitará”. La resurrección proviene de la persona misma de Jesús y no de una expectativa abierta hacia un futuro incierto. Marta, entonces, llega a la fe: comprende y hace una profesión fe de altísimo nivel: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo”. Jesús es aquel que verdaderamente “consuela” porque su venida no es para dar un “sentido pésame” sino para vencer la muerte y dar la vida eterna. Aquí hay una lección: la muerte es necesaria. La resurrección presupone la muerte y, de hecho, es una victoria sobre ella. La promesa de Jesús no es precisamente la de evitar la muerte sino la de no dejar que ésta se constituya en la última palabra sobre la historia humana.
  4. Jesús realiza el signo de la resurrección de Lázaro. Al comienzo y al final, el pueblo se involucra en el signo: primero, colabora quitando la piedra del sepulcro y, luego, desatando las vendas y el sudario de Lázaro. Cuando Jesús dice “Quiten la piedra” Marta pone una objeción: “Señor, ya huele; es el cuarto día”. El cuarto día después de la sepultura es cuando, según la creencia rabínica, el cuerpo regresa definitivamente al polvo de la tierra, o sea, cuando la muerte es completa e irreversible. Jesús reza antes del milagro demostrando su relación con Dios Padre. Jesús pronuncia con solemnidad el imperativo: “¡Lázaro, sal fuera!”. Esta es la palabra que todo creyente escucha al salir de la fuente bautismal y que le hace pasar de la antigua vida a una nueva existencia.
  5. El pueblo reacciona ante el signo. Ellos se dividen: algunos creen y otros los van a delatar.

l2

Esta historia de Lázaro al final demuestra que Jesús es humano (llora y es cercano de su pueblo), pero es también divino: “Yo soy la resurrección y la Vida”.

Hoy le pedimos a Jesús de darnos vida en tantas “muertes” que acechan alrededor de nuestro ambiente: la muerte del miedo y quedarse callado frente a tantas injusticias; la muerte de quejar a cada instante y quedarse sin esperanza y nos convertimos en cadáveres; y la muerte del paralisis: quedarse con las vendas sin poder mover. Es tiempo de caminar, de no darse por muerto antes de tiempo.