La Palabra 195

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Este domingo seguimos el sermón de la montaña. Hoy Jesús nos dice: “Ustedes son la sal de la tierra, ustedes son la luz del mundo”. Hoy la Iglesia también celebra la “Jornada a favor de la Vida”.

La sal era utilizada como forma de pago en tiempos del Imperio Romano. Su historia está muy unida a las transacciones económicas de la historia de la humanidad, actividad que ha dejado nombres como “salario”, o de vías tales como la prehistórica “Route du Sel” (en Francia), la Via Salaria (en la antigua Roma). La sal era la forma de la primera moneda. Tenía mucho valor. Y por eso cuando Jesús nos dice que somos sal de la tierra es porque en primer lugar nuestra vida vale mucho frente a los ojos de Dios.

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Como la sal da sabor a la comida, los cristianos estamos llamados a dar sabor a la vida. El Evangelio es lo que da sabor a la comunidad humana. La sal hay que utilizarla en pocas cantidades. Tenemos que aprender a vivir en minoridad, la sal se diluye en los alimentos y nos enseña la humildad. Nos lo repite Jesús en otros textos: El Reino es semilla, levadura, grano de mostaza. No necesitamos el aplauso, sino el testimonio, la autenticidad, el compromiso. El Reino crece, cuando nosotros los cristianos, desde el mensaje y dentro del mundo, aportamos los valores y la energía del Evangelio.

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Somos también luz. Cuando no tenemos luz eléctrica, todos utilizamos una candela, y hay que ponerla en lugar céntrico si queremos iluminar cualquier cuarto. En la oscuridad del mundo, en los momentos difíciles de la existencia, cuando parece que andamos ciegos, nosotros apuntamos la aurora. Como nos dice la primera lectura de Isaías: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres, viste al que va desnudo, y no te cierres a tu propia carne. Entonces romperá la luz como la aurora, enseguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.”

Jesús es la luz y a nosotros se nos llama a vivir como hijos de la luz. No es fácil, dar luz a las diversas situaciones de la vida, aportar lo que vivimos y hacerlo, como les recuerda San Pablo a los Corintios en la segunda lectura. Ser sal y luz es vivir en la pequeñez, ser testigos, acompañar a los que tenemos a nuestro lado, en la familia, el vecindario, el trabajo, recordándoles nuestra sencilla fe, que es lámpara frágil, comida cotidiana sabrosa. Nuestra fe, es el esfuerzo por ver y hacer ver, llama de amor viva, faro en el mar, foco en el sendero, luna llena en la noche, poco más y poco menos, lo que hace que nuestra vida, tenga dirección y sentido.

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Hoy les invito ver este pequeño video de la vida de Andrea Bocelli, les dejará impactados.