La Palabra 210

El Evangelio de este domingo lo llamamos el “dialogo de la consolación”. Seguimos con el evangelio del domingo pasado. Ha llegado la hora de la partida de Jesús. Es la última hora y por eso los apóstoles se sienten desconsolados. Se va a ir y ya no lo van a ver, pensaban ellos.

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Si la Pascua es el nacimiento de la comunidad, es el Espíritu el que le da plenitud y madurez. Queda claro en la primera lectura de los Hechos, Felipe ha llenado de alegría la ciudad de Samaría con la Palabra de Dios, por eso, se envía a Pedro y a Juan.

Frente a todo esto y en preparación para las fiestas de la ascensión y Pentecostés, podemos meditar las siguientes palabras:

  1. VOLVERÉ”. En la Biblia, ser huérfano o ser viuda es signo de “abandono” o los que nadie los defiende. Un padre, en la hora de la muerte, lo más que le preocupa es que va a dejar huérfanos a sus hijos. Y está también era la preocupación de Jesús sabiendo que había llegado la hora de dejarlos. Jesús sabía que al partir, los discípulos iban a encontrar dificultades grandes, oposición y que el mundo los iba a ridiculizar. Entonces Jesús les quería dar una garantía: no los iba a dejar solos. Nunca los va a abandonar. Antes me podían ver, hablar conmigo y tocar – ahora va a ser una nueva presencia. Ustedes están en mí y yo en ustedes. Jesús promete a los apóstoles y también a nosotros que va a estar presente entre nosotros hasta el fin del mundo.2
  2. PARACLITO. “Y yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad.” Jesús sabe que el ser humano necesita de un consolador. Este discurso de Jesús sucede en la última cena. Dentro de poco el iría al Jardín del Getsemaní. Él sabe cómo se siente uno cuando necesita de consuelo y no encuentra a nadie. No hay cosa más difícil de estar en soledad y de sentirse solo y abandonado. Por eso Jesús les promete que les envía el Espíritu Santo. En este discurso final por 5 veces Jesús repite el nombre del Espíritu Santo. Esta insistencia es para que los mismos apóstoles entiendan que nunca los va a abandonar. El Espíritu Santo es un nuevo defensor. Antes tenían a Jesús, ahora van a contar con el nuevo Paráclito. Esta palabra indica que el Espíritu Santo va a ser: Consolador; Abogado; les enseñará como maestro; los sanará como médico de sus almas; y los cuidará como verdadero defensor. Y todo esto es una garantía segura.
  3. SI ME AMAN. Para tener la presencia de Dios en nosotros hay necesidad de una condición esencial: AMAR. El examen real del amor es cumplir con los mandamientos de Dios. Jesús repite dos veces esta verdad: “si me aman, guarden mis mandamientos”. Y “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama”. Entonces hay una estricta conexión entre los mandamientos y el amor. Jesús mismo lo dice que no quien dice Señor, señor entra en el reino de los cielos, sino aquel que cumple la voluntad de Dios.

Esta es la buena nueva de la liturgia de hoy en preparación a la ascensión y luego a pentecostés.