La Palabra 211

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Celebramos hoy la solemnidad de la Ascensión del Señor. En el Evangelio de Mateo Jesús es presentado como el “Emmanuel” el Dios con nosotros (1,23). Y al final del Evangelio Jesús nos dice que Él es el verdadero Emmanuel porque estará con nosotros hasta el fin del mundo. Al regresar a la casa del Padre, Jesús no nos abandona sino que –como le dice a los apóstoles- nos da el mandato de integrar en la familia de Dios a todos los pueblos de la tierra.

En esta narración miramos el pasado, el presente y el futuro de la relación con Jesús. El pasado marca la historia que empieza en Galilea: desde la vocación de los apóstoles, los milagros y más que todo el seguimiento. Luego el presente está también en Galilea, que es el punto de conexión de cada vocación y misericordia. Esta vez el punto de encuentro es sobre la montaña que nos hace recordar de aquel discurso de las bienaventuranzas sobre lo cual gira el evangelio de Mateo. El futuro de esta relación se determina sobre las palabras que hoy Jesús les dice a ellos: “hasta el fin del mundo”.

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El grupo que ha sido convocado en Galilea tiene una herida producida por la traición y la muerte de Judas: ya no son doce sino once. Esta herida recuerda que todos han sido probados en su fidelidad a Jesús. Solo encontraron su propia fragilidad. Cuando comenzó la pasión de Jesús, se interrumpió el seguimiento. Jesús sana la herida provocada por la ruptura del seguimiento. No llama a otros discípulos, sino a los mismos que le fallaron en la prueba de la pasión. Los discípulos llegan a Galilea cargando sobre sus espaldas toda la historia dolorosa de la deslealtad. Pero la confianza del Maestro se muestra mayor que la fragilidad de sus discípulos. Ahora los llama como “hermanos”.

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Al verlo sobre la montaña los discípulos lo adoran como hicieron los reyes magos al principio de este Evangelio, aunque algunos también tienen dudas, y este es normal a los que siempre han pedido “Señor auméntanos la fe”.

Las últimas palabras de Jesús narradas por Mateo indican 3 cosas:

  1. Anuncio del Señorío de Jesús: él tiene todo poder y autoridad.
  2. El envío para la misión y al bautismo: La tarea fundamental es hacer discípulos a todas las gentes. Por medio de ellos el Señor resucitado quiere acoger a toda la humanidad en la comunión con Él. Hacer “discípulos” es iniciar a otros en el “seguimiento” que implica configurar su proyecto de vida con la propuesta de Jesús y entrar en comunión de vida con Él. Y hay que insertar al nuevo discípulo con la forma trinitaria del Bautismo.
  3. La promesa de la permanencia fiel: Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo. Este es en verdad el Emmanuel. 3