La Palabra 151

Segunda domingo de Pascua nos trae la alegría de la divina misericordia. La mejor definición de “misericordia” que he escuchado este año fue esta: ser misericordioso es “entrar en el caos de otra persona”. Quiere decir tratar de entender la difícil situación que está pasando un ser querido.

upperroom_

Y esta es la misericordia que vino a darnos Jesús Resucitado al aparecer a sus discípulos. Entró en su caos. Y miramos el acontecimiento:

  1. Estaban encerrados: el miedo paraliza, aparta y pone barreras. A nivel social hasta el pobre en nuestro ambiente tiene que invertir en barandas en su casa para cuidar lo poco que tiene. Pero a nivel eclesial una comunidad encerrada es una comunidad muerta. Los apóstoles se estaban consolando por el fracaso de sus esperanzas. No quieren que les vean. El Papa Francisco nos dice: “Prefiero una Iglesia accidentada, a una que está enferma por cerrarse”.
  2. Jesús interrumpe con el saludo de la paz: No vino a jalar orejas o llamar la atención por haberlo abandonado. Aquí nace la comunidad cristiana basada sobre la paz y la alegría. Da una nueva oportunidad. Calma el caos.
  3. Muestra sus heridas de la pasión: Son los “credenciales” con que se presenta Jesús. No es una persona distinta, sino el mismo Jesús humano y divino, con el mismo cuerpo que sufrió en la cruz, murió pero ahora venció a la muerte. La resurrección no creó una nueva persona distinta. Por eso invita a sus apóstoles que tocaran las heridas.
  4. Les regala el Espíritu Santo: calma la tormenta y anima la comunidad con la misma gracia de Dios. Es el don más grande de Dios. Nace la primera pequeña comunidad cristiana. Empieza el compromiso del testigo: sucede un cambio radical.
  5. Confía en ellos con misericordia: nace el sacramento de la reconciliación. Los pecados que perdonan serán perdonados. Un pecador empieza a perdonar a otro pecador.
  6. Dichosos los que creen sin haber visto: No hay que seguir viviendo como si fuera Viernes Santo. Así le pasó a Tomás. Dichosos los que creen y luego aman.

thomas030307_01

Termino con esta historia real bellísima. Un sacerdote recibe una llamada de noche para ir a un hospital lejos y en medio de una gran tormenta de nieve porque un cristiano quería los últimos ritos. Con dificultad llegó. Pero el cristiano no quería confesar porque no creía que Dios le iba a perdonar. Solo quería que el sacerdote lo escuchara. Contó que dos días antes de navidad se emborrachó junto con sus compañeros en el trabajo donde tenía dirigir el cambio de riel de un tren. Aquella noche cambió la palanca al revés. La consecuencia: el tren arrasó un carro matando a un papá, una mamá y sus dos hijas. “Yo tuve que vivir con esta muerte hasta hoy, mi último momento”.

El sacerdote quedó en silencio escuchando esta tragedia como se fuera una eternidad. Lo abrazó y le dijo: “Claro que Dios te perdona, porque yo también lo hago. En aquel carro estaban mi papá, mi mamá y mis dos hermanas mayores”.

El sacerdote era el Padre Tom O’Malley.

christ risen