La Palabra 204

Vivir la Semana Santa es empezar un camino.

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Entramos hoy en la Semana Santa, la cual tiene como momento cumbre la celebración del Triduo Pascual entre Jueves y Domingo. El domingo de Ramos hace el camino a la inversa: comenzamos por la grito alegre de Jesús “Rey humilde” y nos vamos entrando poco a poco en el silencio contemplativo de la historia de la Cruz, de donde surge el canto pascual de la victoria. Es una maravillosa síntesis de alegría y duelo, de amor y de rechazo, de vivas y de silencio, de palmas de victoria y de cruz de humillación.

AL bendecir los ramos hoy, en el Evangelio que leemos sobresale esta pregunta que hace la gente: “¿Quién es este?” Y este es el camino que queremos emprender durante esta semana.

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La procesión de ramos es, entonces, un gesto por medio del cual, quienes lo realizan, expresan su decisión de iniciar un camino para conocer mejor a Jesús. Por tanto, comenzar la Semana Santa recordando la entrada de Jesús a Jerusalén quiere decir ante todo: ¡Deja entrar su misterio en tu vida!

La tentación de politizar la misión de Jesús ha estado siempre presente en la Iglesia. Jesucristo es Rey, pero un Rey que reina como veremos en esta Semana Santa, desde el servicio y el amor (Jueves Santo) y la cruz (Viernes Santo).

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Tenemos que recordar que el Resucitado es el crucificado. “Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres” leemos en la segunda lectura de hoy.

Por eso, meditemos este largo camino y el Via Crucis de esta Semana Mayor – siendo la última semana de Jesús – viviendo asiduamente la Palabra que se proclama durante estos días que es la mejor medicina para nosotros.

Que este grito del Hosanna de hoy llegue a hacer eco el Sábado en la noche para hacer temblar hasta las piedras.