La Palabra 134

Raoul Follereau, el “apóstol y servidor de los leprosos”, que consagró toda su vida, talento y dinero a erradicar la lepra, cuenta: “Tuve un sueño. Muerto, me presento ante Dios y le digo todo presumido: ‘Mira, mira mis manos limpias’… Dios me mira con infinita compasión y me dice en tono de reproche paternal, pero enérgico: ‘Sí, hijo mío, manos limpias, muy limpias… pero vacías‘.

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En este segundo domingo de Adviento encontramos la figura de Juan el Bautista quien nos llama a preparar el camino del Señor con la voz que grita en el desierto. El camino que nos pide cambiar no es tan largo: el viaje de nuestra mente hacia nuestro corazón. Este viaje pide coraje, valentía y enderezar nuestro camino torcido, descubriendo nuestros defectos. Y para viajar hay que ensuciar las manos, hay que sudar.

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El mensaje de Juan es sencillo: CONVERSIÓN. Tenemos que darnos cuenta que errores están entrando en nuestra mente y que mal está saliendo del corazón. Nos llama a llenar el vació por la falta de la oración, amor, entusiasmo, buenas obras y por culpa de la indiferencia espiritual. Y esta es la mejor preparación para el nacimiento de Jesús.

Es tiempo de convertirnos también ecológicamente, de tocar la tierra como la tocaron nuestros abuelos en el surco y saber que de ella viene la vida. Es tiempo de amar en palabras de San Francisco de Asís, a la hermana naturaleza. Es tiempo de limpiar los montes, de sembrar árboles, de cuidar los espacios naturales. De respetar las plantas y los animales, que aquí en Izabal tanto les hemos hecho daño.

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Que esta Navidad no sea una preparación de adornos, luces y papel, o a ver cuanto gasto en cohetes, tamales o licor. Que pongamos nuestras manos para el servicio del más pobre y humilde.

Comparto este vídeo conmovedor sobre los niños de Iraq : https://www.youtube.com/watch?v=A__INxvUXTA