La Palabra 147

“Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua” nos dice el Papa Francisco, y “por consiguiente un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral”.

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Hoy se nos presenta la historia más bella de los Evangelios: la del Padre Misericordioso o como la conocemos del Hijo Pródigo. Tenemos 3 personajes en esta parábola:

1. El hijo menor: consideró a su papá como ya muerto por pedir la herencia. Se fue lejos para malgastar y tocó lo más hondo: de hijo se hizo esclavo. Y peor: su pensamiento era como de animal porque quería saciarse con la comida de cerdos. Así pasa cuando estamos en pecado: perdemos la dignidad humana. Pero llego el momento de la conversión: entró en si mismo, dio cuenta de su error, se arrepintió y tomó la decisión de regresar. Es tiempo de entrar en nosotros mismos.

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2. El Padre: él “malgasta” su misericordia con el hijo. Nunca se dio por vencido y se quedó esperando siempre que su hijo regresara. No lo reprimió, ni le puso condiciones. Lo abrazó y lo besó diciendo: “este hijo mío estaba muerto y se ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Es la Pascua – es resurrección. Le dio el vestido: la dignidad; le puso el anillo: el poder; las sandalias: es hijo y no esclavo; y hicieron fiesta.

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3. El hijo mayor: es celoso y egoísta y nunca entendió que quiere decir que es “hijo”. Es el símbolo de como es la actitud en el mundo de hoy: difícil de acoger a los demás y aceptar a quien es diferente de nosotros. Muchos piensan que son justos y por eso juzgan a los demás fácilmente y les cuesta perdonar.

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Dios nunca se cansa de perdonar. Tenemos que ser misericordiosos como el Padre.