La Palabra 102

Hace 17 años, el 26 de abril 1998, asesinaron a Monseñor Juan Gerardi en la ciudad capital. Era un pastor que dió su vida por sus ovejas. Unas horas antes había presentado el documento “Guatemala, Nunca Más”. En la forma como lo mataron, dieron a entender que querían callar a la voz de los sin voz. Pero el legado de Gerardi sigue vivo. Es el legado de un pastor que olía a ovejas.

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En la vida vivimos muchos momentos de inseguridad, nos sentimos amenazados, tenemos incertidumbres, andamos a tientas, buscamos guías. No es otra cosa la adoración que muchos de nuestros contemporáneos tienen por los líderes políticos, deportivos, musicales… que llenan plazas y estadios. Necesitamos gente que oriente nuestra vida y a la vez nos creemos auto suficientes, vivimos de los grandes avances técnicos, médicos, astronómicos y nos sentimos pequeños. El auténtico Pastor que guía a la comunidad cristiana es uno sólo: Cristo. Ser el “Buen Pastor” implica dar la vida por las ovejas. Se exige valentía, entrega incondicional, amor entrañable, osadía, ponerse en la puerta del aprisco y defender a todos de los “lobos”. El pastor se juega la vida por los suyos, pone voz a los que no pueden hablar, defiende al injustamente acusado, denuncia al opresor, acompaña los procesos de los pequeños, busca a la oveja perdida. Como lo hizo Monseñor Gerardi aquí en Guatemala.

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El pastor no se encierra, vive una Iglesia en salida, sabe que hay un montón de alejados y está en la calle, en la plaza, en las asociaciones, donde se cuece la vida, al lado de aquellos hombres que buscan la verdad. La originalidad de la Iglesia debe ser que toda ella participe de la misión pastoral del único Pastor: Jesús. Todos debemos de ser pastores y pastoras, responsables unos de los otros, pero no todos de la misma manera.

Oremos por nuestros pastores. Oremos en este domingo del Buen Pastor por más vocaciones sacerdotales.