La Palabra 92

En Noviembre del 2013 se vio al Papa Francisco abrazando a un hombre desfigurado por una condición dolorosa de la piel. Muchos se impactaron al ver esta escena. El hombre, Vinicio Riva, dijo que en el momento que el Papa lo abrazó sintió solo amor, como se estuviera en el paraíso. El abrazo apenas tardó un minuto, pero para él era una eternidad. ¿Por qué impactó tanto este abrazo?

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1. Esta imagen nos hace recordar a San Francisco de Asís, quien su conversión empezó cuando abrazó a un leproso, a quien le tenía miedo. El evangelio de hoy habla de la curación de un leproso. Hubiera sido fácil para Jesús sanarlo de lejos, como curó a otros. Pero este era el primer milagro: Jesús lo tocó. “Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó”. Para Dios no hay gente impura ni excluida, todos están llamados igualmente a formar parte de su comunidad, ya que ha caducado la antigua división entre puro e impuro.

2. Sintió compasión. Una frase fuerte que mueve el corazón en un mundo que ya no siente compasión. Es la misma compasión que sintió el buen samaritano que bajó de su cabalgadura y él mismo curó a quien estaba adolorido lleno de sangre. Es la misma compasión que sintió el padre misericordioso al ver a su hijo prodigo regresar a la casa, tanto que lo llenó de besos. Es la misma escena que vimos en el Vaticano cuando el Papa Francisco besó a don Vinicio.

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3. El segundo milagro es curarlo de su enfermedad física  A pesar de la prohibición, el leproso se acercó a Jesús, se puso de rodillas a sus pies para pedir ayuda, y dijo con absoluta humildad: “Si quieres, puedes curarme”. Es la oración de un auténtico creyente. Muchos de nosotros no padecemos de esta enfermedad, pero estamos desfigurados internamente. Dios, en su amor incondicional, nos abraza. Como hizo el Papa a este hombre. Como hizo el Padre con su hijo que regreso todo sucio y le hizo fiesta. ¿Alguna vez hemos pensado como es verdaderamente el amor de Dios hacia con nosotros?

4. El tercer milagro es integrarlo en la comunidad. Dios no quiere que nos quedamos en la misma condición, sino que nuestra vida cambia. No es cuestión solamente de besos y abrazos, sino que nos levantemos a ser mejor. Es tiempo de conversión. 

Y a la vez un bello poema:

Había una vez un lobito bueno,

al que maltrataban todos los corderos.

Había también un príncipe malo,

una bruja hermosa y un pirata honrado.

Todas estas cosas había una vez,

cuando yo soñaba un mundo al revés”

J. A. Goytisolo