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Convivir en familia no siempre es fácil. Y aprender a “perder al niño”, como José y María perdieron a Jesús en el templo, es el sacrificio de los padres para que tanto ellos como sus hijos, puedan nacer a una forma más madura de vivir.  Sin embargo, es en la familia donde nacemos y donde seguimos naciendo muchas veces hasta alcanzar nuestra plena autonomía.holy-family-christmas-story-randy-wollenmannHoy celebramos a la Sagrada Familia. El evangelio nos invita a comprender cómo esos constantes nacimientos se dan no sin dolor, ni sin angustia, pero todo ello es necesario para que sepamos crecer, respondiendo con fidelidad a la llamada de Dios. La sagrada familia nos enseña que la base tiene que ser la relación íntima con Dios.  Es Dios que acompaña a la familia en las buenas y en las malas.

La actitud de María que conservaba todo en el corazón, es la más apta tanto para los padres, como para sus hijos en este crecer en la vida familiar. Este valor junto a tantas virtudes que nos aconseja San Pablo en la segunda lectura de hoy, van forjando la unidad de la familia: “sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.”

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Hoy la rapidez de los cambios sociales y culturales, nos impiden en muchas ocasiones, asimilar las nuevas formas y maneras familiares. Es verdad, hay una crisis familiar que quizás comienza en esas habitaciones que tienen de todo: televisión, celulares, computadoras, Internet,… refugios para nuestra vida individual. Que continua no sentándose a comer juntos y cuando lo hacemos, de forma rápida y viendo a los famosos, los políticos… sin tiempo para comentar en familia el diario vivir.

¿Cuales son nuestros deberes hacia la familia? Primero la unidad en todos las aspectos: cuerpo, carácter, corazón, pensamiento, voluntad y alma. Luego recordarse que la familia es una pequeña iglesia: capaz de escuchar la Palabra y poner la Eucaristía en el centro de la vida. Importante es la formación porque la familia es también la primera escuela. Y en palabras del Papa Francisco: la familia es un tesoro.

Tenemos una tarea sería: crear espacios y dedicar tiempos para compartir, ir a lo esencial para crecer, contrastar nuestras formas de pensar y de ser, buscar la calidad de vida. En estos días de Navidad en los que todas las familias se encuentran para comer o cenar, es tiempo de celebrar y recordar nuestros fuertes vínculos que nos enlazan.

Comparto este vídeo tan bello sobre este tema: https://www.youtube.com/watch?v=64TsE6MI4lU