La Palabra 107

Según los cronistas, en 1487 alrededor de 84 mil personas fueron sacrificadas durante los cuatro días que duró la reconsagración del Templo Mayor de los Aztecas. El Templo Mayor era el lugar por excelencia de las cardiotomías, el sacrificio humano bajo su forma más corriente que era la extirpación del corazón. El mito azteca del Sol explica esta práctica: el universo es inestable porque depende de la continuidad del movimiento del sol y sería destruido si éste se para, por ello continuamente los hombres deben imitar a los dioses que se sacrificaron para que el sol se pusiese en movimiento. En pocas palabras, para los aztecas el sol necesitaba de sangre humana para seguir “en movimiento”.

el-sol-650x400Hay dos razones porque los aztecas adoraban al sol:

1. El sol impacta porque es tan grande y potente que nadie lo puede alcanzar, causa estupor y está distante.

2. Pero al mismo tiempo el sol nos da parte de su vida, lo que nosotros no podemos hacer, lo hace el sol. Nos da luz, calor y vida. Así decían los aztecas.

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En la misma forma podemos nosotros hablar de la Santísima Trinidad. No podemos alcanzar a Dios, pero lo que nosotros no podemos hacer, Dios lo hace. Incluso Dios se acercó a la humanidad a través de Jesús que se hizo hombre para darnos luz, calor y vida. Y es Jesús quien nos ha dado luz sobre la misma Santísima Trinidad hablando sobre la comunión y la relación entre el Padre y el Espíritu Santo. Frente a esta inmensidad, Jesús nos enseña el rostro humano de Dios. Y nosotros lo adoramos y nos quedamos maravillados.

Al terminar este mes de Mayo no podemos excluir la cooperación que hizo María con la Trinidad. María aceptó la vocación que le dio Dios Padre de ser Madre de Dios; concibió a Jesús con obra del Espíritu Santo, y recibe a Jesús como Hijo.