La Palabra 213

Hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña dos verdades centrales en la fe católica: la primera es que hay un solo Dios en 3 personas; y la segunda es sobre la encarnación, pasión, muerte y resurrección del Señor.

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La Trinidad es un misterio en lo que creemos aunque nos cuesta entender. Damos el ejemplo del sol: nunca podemos ver directamente al sol porque no dejará ciegos. Sabemos que nos da la luz. Pero tenemos que bajar nuestros ojos. Y así es Dios: tan es grande que es imposible verlo y comprenderlo. En frente a él solo bajamos nuestros ojos y decimos AMEN. Solo sabemos que en la vida eterna podemos verlo cara a cara.

Hay algunas comparaciones que podemos hacer con Dios. Una de ellas es el agua. El agua se puede manifestar en tres estados: sólido, líquido y gaseoso, cada uno de ellos con propiedades muy diferentes, lo cual concuerda con las tres personalidades del único Dios; de modo que el agua cristalizada, líquida y vaporizada parecen tres cosas distintas pero las tres son H2O, como el Padre, el Hijo y el Espíritu son el mismo Dios, UNO solo. Otros elementos naturales pueden pasar también por tres estados si aumenta o disminuye lo suficiente la temperatura, pero sólo el agua favorece la vida. No es extraño que Jesús recurriese tanto a ella.

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Esta es solamente una comparación para entender un poquito mejor. Pero Dios es tan grande que nuestra mente no da tanto para entenderlo. Por eso preguntamos ¿Quién es Dios para mí?

Dios Padre es el Creador, aquel que nos provee todo y nos mantiene con vida. Dios Hijo es el Redentor y Salvador, aquel que nos perdona y es lleno de misericordia. Dios Espíritu Santo es el dador de vida que santifica y une. San Juan nos dice: Dios es amor.

Dios no es lejano o abstracto. Al revés, en Él vivimos, nos movemos y somos. Tenemos que vivir una vida de fraternidad e intimidad con Dios. La Trinidad vive en nosotros. Lo dice el mismo Jesús en Jn 14, 23: Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada.  Y también Pablo: “¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?”

La Santísima Trinidad no es una doctrina en la cual tenemos que creer sino un modelo y ejemplo que seguir. Si Dios nos ha creado a su imagen y semejanza entonces hay un modelo de vida sobre lo cual podemos construir nuestra vida. El modelo es la relación de amor que hay entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Por eso tenemos que entender que no hemos sido creados para estar independientes o divididos uno del otro. Necesitamos uno del otro.

Si vivimos en el temor, el miedo al castigo o a la ley o sólo confiamos en la ciencia, el dinero, el prestigio…, es difícil sentirse hijo de Dios. Si nos dejamos llevar por el Espíritu, podremos llegar al Hijo y a sentirnos hermanos del Hijo, sin olvidar lo que dice San Juan: “Si decimos que amamos a Dios y no amamos a los hermanos, somos unos mentirosos”.