La Palabra 214

2

Hoy es la fiesta de la Eucaristía. Hoy salimos por la calle en procesión. No lo hacemos con la intención de enseñar nuestra custodia o cuanto es bonito el palio…. Que no caemos en lo que le pasó a un sacerdote quien  preparó a la fiesta de Corpus hasta los detalles más pequeños para que luego en la procesión dio cuenta que no llevaba la hostia consagrada. Salimos, porque Él está siempre en salida y aunque a nosotros nos cueste, quiere poner su mesa en las casas, en las calles, en las plazas, en las esquinas.

Jesús en el evangelio de hoy nos dice “Mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. Este es el mensaje central del Evangelio de hoy. El ser humano tiene dos formas de hambruna: la corporal y la espiritual. No es suficiente el pan material. El interior del ser humano es hambriento a la felicidad y la paz. Y la felicidad no momentánea sino eterna.

4

Cristo, para enseñarnos los efectos de la Eucaristía, repite por 3 veces la palabra “vida” en el texto del Evangelio de hoy y la palabra “vive” 4 veces. Miramos:

“si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes.” (v. 53)

“El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna” (v.54)

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. (v. 56).

“Quien me come vivirá por mí” (v. 57).

“El que coma este pan vivirá para siempre.” (v. 58).

Y como dice San Pablo: no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí.

Se trata de vivir en este día la “cultura del encuentro”, éste es el sentido de nuestra presencia en las calles. papa Francisco que nos lo explicita: “La acogida y la apertura a los demás, lejos del miedo que sólo nos lleva a ver riesgos y peligros, son una oportunidad para descubrir el rostro de Dios en cada hermano y hermana, para celebrar en comunión los dones y riquezas que nos regala a cada uno para poner al servicio de la construcción del bien común que es de todos”.

1

Cada vez que celebramos esto en memoria suya, nos introducimos en la historia de liberación que comenzó Dios, sacando a su pueblo de la esclavitud y alimentándole con el maná, como nos recuerda la primera lectura del Deuteronomio. La Eucaristía nos conduce hacia la tierra prometida, para aprender a vivir en común en la misma casa, en la Tierra común que nos acoge a todos. Todas las personas de un lugar u otro, tenemos los mismos derechos. Por eso, esta fiesta es un símbolo de lo que es el Reino, todos comemos el mismo pan y no puede ser que mientras unos comen hasta hartarse, otros pasen necesidad.