La Palabra 152

Pasó un fracaso en la vida de Pedro y sus compañeros. Y se fueron a buscar refugio. Y lo buscaron en volver a hacer lo que hacían antes: pescar. Y allí donde los encuentra Jesús: en sus frustraciones de luchar por sus vidas pero siguiendo el fracaso.

Fueron a pescar pero no pescaron nada. Signo que sin Cristo no hay fruto en nuestro trabajo. Faltaba la palabra de aquel quien les había acompañado tantas veces. Pero no lo reconocen cuando se acerca porque el corazón está cerrado y no pueden ver sin este corazón.

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Pero en la vida hay que atreverse como hizo Pedro, saber escuchar y asimilar. Y echaron las redes como sugiere Jesús. La pesca fue tan abundante que allí se abrió el corazón de Juan, porque él amaba más: “Es el Señor”. Al fin puso las gafas del amor. Y jalaron las redes signo que hay espacio para todos en la Iglesia.

El signo de la comida fraterna demuestra que el Viviente está siempre en nuestra vida. Se repite la historia de la última cena: es Jesús quien está sirviendo. Y allí come con ellos a las orillas del lago.

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Es interesante ver la triple confesión de amor de Pedro para borrar la triple negación. Se abre de nuevo la herida pero rápido se sana. Y aunque Pedro había fallado, Jesús le confía en sus manos todo el rebaño que es la Iglesia. A un hombre que se había fracasado. Siempre hay una segunda oportunidad. Dios nunca se cansa de perdonar. Es la respuesta del amor que mueve a los sacerdotes, obispos y al Papa de entregar la vida a sus ovejas. “Sí, Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”.