La Palabra 148

Hoy les invito de ver este vídeo interesante: 

Después de la parábola del Hijo Pródigo del domingo pasado, hoy se nos presenta una historia en la vida pública de Jesús: el encuentro con la adultera que fue condenada. Fue una trampa para Jesús: si él hubiera dado permiso de la lapidación hubiera ido en contra de Pilato que había abolido a los judíos de poder condenar a muerte. Si hubiera dicho que no, estuviera en contra de lo que pide la ley de Moisés. 

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Que fácil en nuestra vida juzgar y condenar. “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”. Jesús desenmascara a los fariseos hipócritas quienes querían ponerle esta trampa. El primer juicio siempre va hacia nosotros mismos: hacer el viaje hacia adentro para ver la viga que hay en mi ojo. En este juicio nos damos cuenta de cuanto somos pecadores.

“¿Dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?” Aquellos que acusaban, uno por uno, todos se retiraron. Jesús se quedó solo, con la mujer pecadora. Aquí tenemos la escena entre la miseria (la adultera) y la misericordia (Jesús). La grandeza de Jesús está en que perdona y no castiga.

Vete y ya no vuelvas a pecar“. Jesús levanta a esta mujer de su miseria para darle de nuevo dignidad. Jesús no le dice como se fuera nada había pasado, sino la invita a empezar una nueva vida: de no pecar más. El mundo de hoy tolera el pecado pero aplasta al pecador. Jesús actúa en la forma inversa: condena el pecado y ayuda al pecador.

Es la última semana de cuaresma. Buscamos de hacer un buen examen de conciencia.