La Palabra 143

De la vocación de profeta a la vocación de pescador…. de hombres.

El domingo pasado hemos leído que difícil fue el llamado de Jeremías de ser profeta en tiempo de exilio. Hoy miramos una vocación todavía más difícil: la de Isaías – hombre de labios impuros pero dispuesto a misionar y accionar. San Pablo en la segunda lectura expresa el mismo sentimiento: “Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol”. Nos encontramos también con la vocación de Pedro, el pescador. La liturgia de este domingo se resume en la orden de Jesús: “remar mar adentro“.

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La vida de Pedro da un gran giro con lo que le pasa después de un mal día de pesca. Un carpintero le invita de salir a pescar de nuevo. Le pide contra toda lógica, que eche a plena luz del día las redes. Pedro le dice lo evidente, hemos estado toda la noche, y no hemos conseguido nada: “Pero, por tu palabra, echaré las redes”. El resultado fue una pesca tan abundante, que por poco se hunden las barcas.

Estar con Jesús es evidente que es indigno. Sin embargo la respuesta de Jesús es la contraria, nos invita a permanecer siempre con él, para continuar siendo pescadores para al servicio de Reino. Y a pesar que Jesús fue rechazado en su propia tierra, él permanece fiel a su misión de anunciar la Palabra. Permanecer fiel es lo que muchas veces cuesta. Pedro confió ciegamente en las palabras de Jesús y logró abundancia.

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De pescadores en el lago de Galilea, un lago cinco veces más pequeño de lo de Izabal, ahora los apóstoles se convierten en pescadores en el inmenso mar del mundo. ¿Será una tarea imposible? Los apóstoles respondieron dejándolo todo y siguieron a Jesús.

Frente a la llamada en el mundo de hoy, la tentación es de dejar todo botado y seguir otro camino más fácil, sin riesgos. El ejemplo es Pedro quien, en contra de toda esperanza no confió en si mismo, sino en la Palabra de Jesús. Hay que remar mar adentro…. y siempre. El evangelio nos invita a escuchar y obedecer atentamente a Jesús en su Palabra, en la vida de las personas y en los acontecimientos. En la vida cotidiana: “estaban lavando las redes”, es donde hay que ir haciendo posible que el proyecto de Jesús sea conocido y disfrutado por todos los hombres y mujeres de nuestros ambientes.

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