La Palabra 162

¿Quién dicen que soy yo?

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La identidad de Jesús suele ser un tema de discusión hasta hoy. Es fácil distorsionar la identidad de Cristo como ha pasado durante siglos. Muchos han hecho un modelo de Jesús a sus gustos y antojos. Un Jesús que hace milagritos de últimos momentos; un Jesús que me ayuda a hacer dinero fácil; un Jesús que conduce y bendice mis victorias y anhelos.  Muchos han llegado hasta negar la divinidad de Jesús.

Pero para los que han hecho un encuentro personal con Él, saben que la identidad de Jesús es diferente. Hoy se repite la misma pregunta: Y para ustedes quien soy YO?

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La fe del cristiano  no se distingue de los demás por las obras exteriores que realiza, pero sí por su interioridad: por la fe en Jesús de Nazaret. Eso es lo específico cristiano, lo específico de la fe. Creer en Jesús es el centro de la fe.

Este Evangelio nos pregunta sobre quién es la persona de Jesús. Como sus discípulos, somos responsables no sólo de nuestra respuesta, pues hemos sido llamados a ser otro Cristo en el lugar donde estemos; por eso, el testimonio debe asegurar que nuestros hermanos manifiesten que Jesús es el Salvador. Ser testigos o dar testimonio, es ser alegres, misericordiosos, optimistas y con un amor a Dios tan grande que nos mantenga en constante oración con nuestro Padre, quien nos guía la ruta a seguir, pero también significa ser conscientes de que tendremos una cruz que llevar y que ella nos ayuda en la santidad.

La fe no contrapone nada, es experiencia del seguimiento de Cristo y para Jesucristo lo decisivo es estar con los que sufren: acercarse a los enfermos, tocar la piel de los leprosos, abrazar a los niños, comer con los pecadores y excluidos, estar con la gente indeseable. La fe es amor (caridad), descubrir en el rostro de los pobres, el rostro de Dios.

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“¿Quién dice la gente que soy yo? Pedro tomó la palabra y dijo: El Mesías de Dios. Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie”.

El camino del discipulado lleva a descubrirlo como Hijo de Dios, pero no evita entrar en la dureza de cargar con la cruz: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará”.