La Palabra 112

Hoy hemos celebrado a nivel de nuestro Vicariato de Izabal a los 25 mártires quienes en los años ochenta murieron con el evangelio en la mano. Muchos de ellos catequistas, delegados de la Palabra, ministros de la comunión, padres de familia pero también el sacerdote italiano Padre Tulio Maruzzo, asesinado vilmente un 1 de julio del 1981 en Quirigua. Ellos no perdieron la fe en el momento de prueba, abrieron su corazón al llamado del Señor y ofrecieron su vida.

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Pintura de “Los mártires de Izabal” en la parroquia del Estor. 

En el evangelio de hoy Jesús va a su tierra natal. Al principio la gente queda admirada, pero poco a poco empezaron a entrarles dudas, hasta el punto que perdieron la fe en él. Empieza la resistencia y se hace realidad el viejo refrán: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. Su Palabra va a la raíz, no a la apariencia, molesta, apunta al interior del hombre, invita a la renuncia. No nos gusta cambiar de vida, estar inseguros o encontrarnos con nosotros mismos.No estamos dispuestos a aceptar, que la palabra de un hombre como nosotros, sea la de Dios. Dios se nos presenta demasiado humanamente y ésta es para algunos la primera dificultad para la fe. “Y esto les resultaba escandaloso” nos dice el Evangelio más adelante.

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Cuantas veces con nuestras actitudes rechazamos a un laico en la Iglesia. La segunda dificultad para la fe, es buscar a Dios en lo sorprendente y extraordinario. Nos parece poco digno encontrarlo en lo sencillo y habitual, como miembro de una familia insignificante. No acabamos de creer que a Dios se le descubre en lo cotidiano: en las tristezas y alegrías, en la debilidad, (como nos dice en la segunda lectura San Pablo), en las preguntas más hondas, en la búsqueda sincera. Se le encuentra: en un amigo, un familiar, un vecino y sobre todo en los pobres, los enfermos, los necesitados.

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Y por eso todo sigue igual: “Jesús no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curo algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extraño de su falta de fe”. Señor, aumente nuestra fe.