La Palabra 117 (1)

La vida de Monsenor Romero, el arzobispo asesinado en El Salvador en 1980, fue una entrega total para su pueblo por quien dio su voz y lucha en tiempo de represion dictatorial. Lo mataron durante la misa mientras preparaba el pan y el vino sobre el altar para que se conviertan en el cuerpo y la sangre del Señor Pero un solo balazo fue suficiente para que acabara con la vida del arzobispo. “Si me matan resucitare en el pueblo salvadoreño” fue su frase unos dias antes de morir.

Digo eso porque dar la vida por una causa es lo que Jesus nos enseña en este evangelio de San Juan 6.

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Hoy sobresalen dos cosas importantes:

1.  Aparecen en el Evangelio de Juan unos personajes nuevos: los judíos. ¿No eran judíos todos los que seguían a Jesús y Jesús mismo? Ciertamente, pero Juan en su Evangelio personifica bajo ese nombre a los malos de la película, a los que se oponen a Jesús y su mensaje. Los judíos son los que no pueden creer que Jesús sea el “pan bajado del cielo”, el que lleva a los hombres y mujeres por caminos nuevos de libertad, de justicia y fraternidad. Por eso murmuran y no quieren creer.

2. Jesus es el pan que baja del cielo. Esta es la entrega de su propio cuerpo. Y con su cuerpo viviremos para siempre. Los que siguen a Jesús no viven amargados sino que están dominados por la bondad, la comprensión, la paciencia. Irradian a su alrededor el buen olor de Cristo y hacen de su vida una eucaristía. Comulgan el cuerpo de Cristo y lo reparten transformado en vida, en amor, en compromiso por la justicia, a todos los que se encuentran en su camino.

Que nuestra vida sea tambien entrega.