La Palabra 114

Ser contemplativos en la acción. Hoy el Señor invita a los apóstoles a “descansar un poco” después de volver de sus actividades evangelizadoras. Cuanto es necesario el descanso. Pero Jesús se olvida de sí mismo y del cansancio de los suyos y sólo piensa en esa multitud que espera algo de él. Una multitud que camina, pero sin rumbo, sin una palabra orientadora, sin pastores que se pongan a su lado, como nos dice la primera lectura de Jeremías.

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De hoy es un texto que no ofrece doctrina, sin embargo, ofrece una realidad con la que muchos nos sentimos identificados en la vida cristiana y, especialmente en la vida pastoral, son tantas las cosa que hay que hacer ante “los que andan como ovejas sin pastor”, que no sabemos por dónde empezar. Como siempre será necesario estar con Él, orar, descansar y crear comunidades en las que se celebre la vida y sirvan de referencia, interroguen, motiven a buscar respuestas, ofrezcan signos de esperanza y realidades de amor solidario. Y salir fuera, al encuentro sencillo y “con calma”, de los que no creen, de los que están desorientados, de los que no encuentran sentido, de los que luchan por un mundo más justo, es decir, a todos: “A los de lejos y a los de cerca”, como dice San Pablo a los Efesios.

acción y contempalción

Jesús sintió COMPASIÓN de la multitud: se hizo uno de ellos; se reconoció en ellos; se olvidó de su propio cansancio; incluso sin conocerles personalmente. Y así el pastor se convierte en un horizonte, una utopía, un proyecto de amor, de justicia y un proyecto de Reino. Allí se puso a enseñarles con calma…

Termino con un texto del Papa FranciscoLa Iglesia «en salida» es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino. Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades… ”. (La alegría del Evangelio).