La Palabra 120

Hoy la palabra nos ilumina antes de ir a votar en las elecciones del próximo Domingo. Nos topamos de repente con una acalorada discusión sobre las minucias y exterioridades que pretenden imponer los fariseos, frente a la exigencia de interioridad y justicia que exige Jesús. Algo muy parecido a lo que esta pasando en nuestra Guatemala. Los gobernantes que son igual a los fariseos.

La pregunta de los fariseos no se refiere a la higiene sino a la pureza: “¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?”. La respuesta de Jesús no se refiere a prescripciones de urbanidad sino a descubrir el corazón: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”.

manos

¿Quién será grato a tus ojos, Señor?”, es el estribillo que repetimos en el salmo. Las respuestas que encontramos nos hacen reflexionar:

1. “El que procede honradamente y obra con justicia”, canta el salmista, mientras que los gobernantes intentaron comprar la justicia, disfrazaron sus maldades, y aprovecharon de las debilidades de su hermano.

2. “El que es sincero en sus palabras y con su lengua a nadie desprestigia”, propone el salmo, pero encontramos un ambiente de mentira y corrupción, donde decir la verdad es como firmar la sentencia de muerte; donde se difama y se destruye como táctica política; donde el rostro de las personas se cambia y camuflajea de acuerdo a las corrientes.

3. “Quien no hace mal al prójimo”, para enfrentarse a la absurda violencia que arrebata vidas inocentes en Guatemala, que arrastra multitudes, que destruye poblaciones y que se instala en medio de los pueblos.

4. “Quien no ve con aprecio a los malvados”, continúa en sus sugerencias, mientras contemplamos los políticos apreciados y respetados no por sus virtudes y valores, sino por su desfachatez, su inmoralidad y su mentira.

5.  “Quien presta sin usura y quien no acepta soborno en perjuicio de inocentes”, nos exige el salmo. En cambio nuestro mundo se rige por estructuras económicas que recargan los impuestos sobre los que menos tienen, que inclinan la balanza de la injusticia hacia el poderoso, que roban, chantajean y someten al más débil e indefenso.

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Todas las propuestas del salmista coinciden con la exigencia del Maestro: “Honrar a Dios con el corazón”. Los fariseos y escribas se han desviado y confundido: se han conformado con lavar el exterior y no miran la justicia, la verdad y el amor. A nosotros nos pasa igual: es más fácil aparentar, que descubrir lo que sale del corazón. Es más fácil maquillar el rostro que convertirnos desde nuestro interior. Tenemos bellas tradiciones, nos acomodamos a las costumbres, pero nuestro corazón se queda vacío. Dejamos a un lado el mandamiento de Dios para aferrarnos a las tradiciones de los hombres.

Ojala que el domingo no seamos fariseos sino que se vota por un cambio. Una Guatemala mejor.