La Palabra 125

Será que la soledad que experimentó Adán en la creación fue un error divino? Es una pregunta que algunos hacen y que sale en la liturgia de este domingo.

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El corazón humano siempre tiene sed de amor y la necesidad de ser amado. Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Y todo esto se explica en Jesús quien en la cruz se dirige a aquel que siempre es Amor: su Padre. En la soledad del primer hombre se detecta la razón de la experiencia de San Agustín cuando dice: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Y también como lo expresa Santa Teresa: “Solo Dios basta”.

La Biblia consagra la relación matrimonial como vocación sagrada. El matrimonio es expresión del amor divino, pero a su vez, las relaciones humanas dejan experimentar el límite de la soledad, porque solo Dios complementa la vida gozosa y plena.

Por eso hoy más que nunca oremos por los matrimonios para que se perseveren en el amor. Y que el amor vaya dirigido a Dios Padre quien complementa siempre el amor humano. Oremos por el sínodo de las familias que empieza este Domingo para que el Espíritu Santo ilumine a todos los que van a participar.

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Al principio de la creación, Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Una oración especial va para las familias que están sufriendo por los deslaves en Santa Catarina Pinula. Es un momento tan difícil. En tus manos Señor.