La Palabra 113

La liturgia de este Domingo se construye sobre una triple acción: el llamado, la formación y el envío.  Somos llamados, formados y enviados a ser hombres, a ser personas, a defender la vida, seguir a Cristo, extender el Reino y a eso lo llamamos: “vocación”. Algo nos recuerda que los cristianos, deberíamos andar por la vida más ligeros de equipaje, más austeros, compartiendo nuestro dinero y nuestro tiempo con los que menos poseen, comprometidos social y políticamente con la transformación de la realidad.

 

libreUn bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto”. En demasiadas ocasiones parece que el medio y el mensajero son más importantes que el mensaje. El mensaje es la Buena Noticia de Jesús, quien ve al mensajero tiene que ser capaz de ver a Cristo, el enviado debe ser fiel a quien le envía. Cuando Jesús nos llama, nos hace cambiar ese lugar interior que es nuestro propio yo, nos cambia nuestro modo de pensar y de vivir, para que como dice hoy Pablo: “seamos santos e irreprochables ante él por el amor”. Nos obliga a dar un paso hacia delante, a abandonar nuestro yo, para identificarnos con el yo de Jesús, y representarle ante la gente. Solo quien ha sido capaz de estar con él, de revestirse de él, tiene la posibilidad de ser apóstol. El mensaje es Jesús, no nosotros.

polvoEl mensaje puede ser rechazado, aunque a nosotros nos parezca lo más importante para nuestra vida y nuestra sociedad. Este mensaje hoy, no sólo encuentra oposición, sino indiferencia, también le pasó a Jesús. Se trata de pedir un cambio de vida, de renovarse, de cambiar las estructuras humanas y sociales, de convertirse y esos nos cuesta a todos, también a los mensajeros y por eso la importancia, como decíamos antes, de estar ligados a Cristo. Sacudirse el polvo de los pies puede ser lo último, estamos llamados a no desanimarnos, siempre se puede ir a otro lado.

Mensajeros somos todos, todos somos llamados, encontrarnos con Jesús es lo más importante que nos ha pasado, pero eso, nos invita a un estilo de vida que nos hace testigos.